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miércoles, 13 de enero de 2010

Avatar, Pandora y las 3D

Después de ver 2012, que me dejó totalmente decepcionado conmigo mismo por confiar en una película americana sobre desastres naturales y que ni siquiera tuve ganas de plasmar en el blog, Avatar ha sido una bocanada de aire fresco en este mundo de producciones atropelladas y sin gusto ninguno.
No negaré que el guión de la película no tiene nada de original; un pueblo oprimido, una defensa imposible, un malvado enemigo despiadado y sin escrúpulos...todo esto está muy visto en el cine, y sin embargo la película me ha parecido soberbia a la par que esperanzadora. Y es que a veces a los guiones les falta el aliño, el complemento. Ensaladas hay muchas pero unas están mejor que otras.
Las 3D es algo que en mi otro blog de Crónicas del Futuro ya podéis vislumbrar; están a la vuelta de la esquina y no le doy ni cinco años a que empiecen a instalarse en los hogares españoles las televisiones con 3D, desbancando a las pantallas LED que irrumpen con fuerza en el mercado. Nada dura mucho en estos tiempos.
Pero el punto fuerte de esta película (y a partir de aquí el que no la haya visto que deje de leer) no son sólo estos aderezos, sino la sensación de que pertenecer a algo más grande que nosotros mismos y nuestro ego imparable. En más de una ocasión he hablado en la Torre del concepto de Gaia, de la sensación de una conexión entre lo vivo, la naturaleza, el universo, algo muy por encima aún de nuestro entendimiento y de lo que nos alejamos cada vez más en nuestra loca carrera hacia un futuro incierto. En Pandora, Gaia es Eyhwa y la conciencia de pertenecer a un ente superior permite adquirir un respeto por la vida que sólo se puede alcanzar si sentimos que formamos parte de un todo.
Me impresionaron las 3 dimensiones, el colorido de Pandora, la biodiversidad de esa luna lejana, el enfrentamiento de dos formas de vida tan dispares... pero lo que realmente me atrapó de Avatar es la idea de un estado superior de la consciencia; una bofetada al egocentrismo humano, una vuelta de tuerca darwiniana, una base de datos sobre la vida a disposición de los seres que lo forman...y la posibilidad de que la vida sea mucho más compleja de lo que intuimos y a la vez más simple de lo que imaginamos.
Y creo que la mayoría de la gente cuando vea la película, querría ser mucho más azul...

jueves, 15 de octubre de 2009

Ágora

Nota para navegantes: El que no haya visto la peli que mejor no lea el post, quizás haya detalles que prefiera no saber.
Amenábar siempre me sorprende. Nunca lo espero, quizás sea por eso. O porque no soy ningún entendido en cine y sólo busco de él que me entretenga. El concepto "entretener" para mí no significa que me tenga que reir, ni evadir de la realidad, ni hacerme olvidar el día a día. Para mí "entretener" es regalarme ideas, abrir ventanas aún inexploradas, explicarme una realidad que desconocía, plantearme hipótesis o porque no decirlo, regarnos de un humor sutil e irónico.
No conocía la historia de Hipatia, que pasa a formar parte de mi rincón particular de mentes incomprendidas de su época del estilo de Galileo, Giordano Bruno, Copérnico o Darwin. Quizás la palabra no sea "incomprendidas" sino "mentes peligrosas para la estabilidad del poder reinante o emergente".
Amenábar tiene buen gusto. Hubiera sido fácil caer en la tendencia de muchos directores a representar escenar cargadas de sangre, vísceras, violaciones, niños maltratados. Así, muchos piensan que el espectador tiembla de rabia en su butaca. No es mi caso, porque lo recargado me aburre. Pero sí hace estallar mi ira la persecución de la gente por sus ideas, ya sean teoría o realidad. En ese sentido la película nos sumerge de lleno en la dificultad de una mujer en esa época para abrirse paso en un mundo sólo reservado para hombres. Es una isla, una anomalía, una excentricidad, una rareza. La estabilidad precaria en la que se mueve se ve tambaleada cuando a su condición de fémina se le une la soledad del que lucha contra la marea de un fanatismo religioso emergente. La ignorancia puede ser permitida. Que la ignorancia arrase siglos de sabiduría es para echarse a llorar. Los papiros revoloteando en torno a la cúpula central de la biblioteca de Alejandría me hicieron recordar varios capítulos de la historia de la humanidad, repetidos cíclicamente. El saber, el conocimiento, asusta al necio.
Amenábar podría haber dedicado los veinte minutos finales a recrearse en el agónico final de Hipatia con un sinfín de escenas sangrientas y vejatorias, innecesarias una vez desarrollada la película. En vez de eso, la imagen semicenital de la protagonista, con las rodillas semiflexionada, encogida en ella misma, en silencio, me dice mucho más del dolor y la frustración. No es necesario caer en el mal gusto, porque no se trata de una historia de asesinato y sangre por doquier. Se trata de la injusticia, de la ignorancia. Se trata de lo difícil que ha sido para muchas mujeres o sabios, o ambos dos, hacerse un hueco en la historia, aun cuando sus mentes preclaras rozaban ideas que la mayoría de la gente de su época ni siquiera olisqueaban.
A mi me ha gustado. Al menos me ha hecho sentir lo que creo que pretendía. Rabia.

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