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viernes, 6 de julio de 2012

REBELIÓN



-¿Y éste?
- Mutación tipo electromagnética. En situaciones de estrés, genera un campo magnético a su alrededor.
-¿Lo hace conscientemente?
-No. Vive solo, sin televisión ni radio, ni nevera, ni ningún tipo de aparato eléctrico, por lo que deducimos que conoce perfectamente su poder, pero no sabe controlarlo. El pobre tiene la despensa llena de tilas, pastillas para dormir y relajantes musculares.
Le observaron a través de la pared de vidrio tintado. Era un individuo menudo, de aspecto ratonil, con la espalda ligeramente encorvada a pesar de no aparentar más allá de cuarenta años. Sus ojos se movían nerviosamente de un lado a otro mientras intentaba responder a las preguntas del interrogador.
-Imagino que activaremos el protocolo habitual de aislamiento con respecto al resto de los individuos.
-Sí señor, aislamiento tipo A.
- Vamos, ¿de verdad le parece tan peligroso? Si está más asustado que cualquiera de los últimos que hemos visto. Quizás el tipo B sea más indicado.
- Es un peligro potencial, aunque no sea intencionado.  Por sí mismo no parece querer hacer ningún daño pero si se siente amenazado es capaz de cualquier cosa. La semana pasada un policía le paró para multarle y los semáforos de cuatro manzanas se volvieron locos. Hubo varios accidentes. Imagine si en vez de una multa se siente en peligro de muerte.
-Entiendo. ¿Cuándo empiezan a administrarle la dosis?
- Esta misma noche. Encontrar el antídoto al gen mutante ha sido especialmente difícil en este caso; la sustancia se volvía inestable al contacto con cualquier campo electromagnético, así que hemos de administrársela en una habitación totalmente aislada. Le daremos de comer en una habitación aparte.
- Eso podría hacerle sospechar, ¿no?
- Es una persona bastante tímida, le hemos dado a elegir entre comida comunitaria o aislada, previo condicionamiento mediante hipnosis. De esta forma cree que la decisión es suya.
-Vaya, veo que está en todo, doctor.
-Es mi deber.
Se quedaron contemplando al individuo un par de minutos más. Patersson respiró hondo.
-Se ha confirmado la edad, ¿verdad?
- Por supuesto. Treinta y siete años, según el escáner óseo. Entra dentro del rango probable de los individuos nacidos durante el periodo de radiación de neutrinos del 2012.
-Bien, es suficiente por hoy. Manténgame informado de la evolución en el tratamiento, especialmente de éste, de la chica con la vista infrarroja y de aquel de la piel dura como una roca
- Entendido señor.
Patterson salió apresuradamente del Centro de Internamiento Especial. Odiaba este puto trabajo de Supervisor de Internos. La mayoría, individuos atemorizados de sí mismos, incomprendidos de una sociedad que los rechaza. Etiquetados y enjaulados como muestras de laboratorio. Eran puntos aislados desorientados sin nadie que los guíe, que les ayude a entender su poder.
Cada noche Patterson tenía pesadillas con cada uno de esos rostros. Hasta ahora había pasado desapercibido gracias al control que ejercía sobre su poder y a la posición que había logrado alcanzar, pero quizás estaba intentando alargar lo inevitable. Cobarde. No, él no era un cobarde. Era cauto, nada más, desconfiado, paciente. Los individuos con los que se había encontrado eran demasiado inestables emocionalmente para comenzar un núcleo de resistencia. Cobarde. No, tenía que esperar. Cobarde, cobarde, decían esos rostros. Cerraba los ojos y los rostros se hacían más y más grandes, lo rodeaban. Cobarde…
Pattersón se hundió en su sillón y cerró los ojos con fuerza. Sondeó en la periferia. Nada. A los diez minutos un débil pulso brilló en su mente. Se acercaba uno de ellos, tres calles más abajo. Detectó ansiedad, huía de algo. Tenía una pauta cerebral bella. Sus conexiones neuronales le resultaban armónicas, una sinfonía que se aceleraba sin perder el orden. Huía, pero pensaba rápidamente…
Se puso la gabardina y bajó las escaleras de su apartamento. El pulso se hacía más y más intenso. Su poder…¿Invisibilidad? ¿Qué demonios hacía huyendo entonces? Un ladrido le sacó de dudas. Mierda, lo iban a pillar. Echó a andar al tiempo que vio como una figura oscura doblaba la esquina y se dirigía corriendo hacia él. A los diez segundos dos enormes perros seguidos de cuatro individuos seguían la misma trayectoria. La figura oscura pasó junto a él y sus miradas se cruzaron una milésima de segundo. Era una chica. Asustada. Controlaba su poder, pero estaba muy asustada.
-¡Apártese!
Patterson se echó a un lado mientras vió cómo uno de los perros alcanzaba la pantorilla de la chica que frenaba su carrera con un grito agónico. Llegaron los cuatro individuos uniformados para apresarla. La golpearon en la cabeza, en el rostro, le empezaron a dar patadas mientras ella vociferaba y sangraba por la boca. Patterson cerró los ojos. No había rostros, sólo esos ojos negros suplicando ayuda, esa pauta cerebral…tan bella. Gritaba. Gritaba ella, gritaba su pauta. Auxilio, auxilio…Cobarde. Esos rostros…
-¡Basta!
Los policías miraron extrañados hacia aquel individuo que se acercaba hacia ellos.
-Basta, por favor, no es necesario…
- ¿Quién coño se cree que es usted? Es una zorra mutante, joder. Quítese de en medio si no quiere problemas
-  No creo que este sea el protocolo a seguir. Deben ser conducidos a las dependencias del CEI sin sospecha alguna, no deben ser tratados de esa forma…
- ¿El CEI? Otro gilipollas que se cree la propaganda gubernamental. Mira lo que le hago a tu amiga mutante-dijo uno de ellos mientras le sacudía una patada en el abdomen.
Patterson sintió nauseas. La pauta cerebral se apagaba…tan bella. Cobarde. Calor, mucho calor, su cerebro hervía. Rebelión. No, no era el momento, había que esperar. Otra patada, otro grito. Sangre. Ladridos. Cobarde. Esos ojos… Cierra los ojos. Concéntrate. Dos perros. Fácil. Uno, dos, tres…Abre los ojos, queda uno, está aterrorizado.
Patterson abrió los ojos. Tres cuerpos  yacían a sus pies, convulsionando. El cuarto retrocedía asustado mientras se escuchaba a lo lejos el ladrido lastimero de los perros alejándose de allí…
-¿Qué demonios?
No le hables. Entra en su mente. Rompe esta conexión, toca esta fibra…Huye.
Abrió los ojos de nuevo. EL policía se alejaba tambaleándose. Patersson se agachó para recoger a la chica. Su pauta era débil pero seguía siendo bella. Abrió sus ojos, aturdida.
-¿Quién…quién eres? Balbuceó
- No te preocupes por eso. Nadie va a hacerte daño.
-Gr..gracias
Se durmió en sus brazos. Entró en el portal de su piso con la chica en brazos. No, no estaba muerta. Allí seguía ella. Su pauta, sus conexiones. La tumbó sobre su cama y observó su rostro desfigurado y amoratado por los golpes. Cerró los ojos para evitar las lágrimas. Otro pulso lejano. Cinco calles a lo sumo. Intenso. Furia. Dolor. Llamas.
 Ven, ven hacia aquí. No estás solo

sábado, 16 de junio de 2012

Oferta Laboral


Estaba  solo en el bar cuando leí aquel anuncio en el periódico. No era de extrañar que estuviera solo; un bar situado en un bajo donde la  luz no entra ni de rebote, las paredes rezuman grasa  y un olor nauseabundo se filtra a través de las rejillas de desagüe de la entrada, quizás no sea el mejor escenario para pasar un rato de charla con los amigos. A mí, sin embargo, me servía de refugio diario para evitar el frío de la calle y la tristeza de mi piso de alquiler. Mariano, el dueño, se echaba la siesta en el catre que tenía metido a presión en el cuartucho que hacía de almacén y que sólo servía para ver cómo se caducaban hasta los botellines de fanta. Mira que yo se lo decía una y otra vez, que la fanta sólo la beben los niños y allí no entraba ningún niño, sólo ancianos decrépitos que tomaban coñac y carajillos, y de vez en cuando alguna persona ocasional, bien por despiste o bien porque no encontraba nada más apropiado para ir al servicio. Claro que eso pensaba antes de entrar al habitáculo al que Mariano había escrito con tiza sobre la puerta “toilete”: un agujero hecho en el suelo, de fondo inescrutable, una cisterna estropeada y un rollo de papel higiénico colgando de un clavo en la pared, era el “toilete” de Mariano. A más de uno he visto yo que salía del baño con peor cara que cuando entró, para luego terminar de rematarlo  el olor a fritanga que flotaba en el ambiente como una hongo tóxico imposible de disipar. Por no hablar de cuando entraba alguna chica. La mayoría asomaban la nariz por el garito y huían despavoridas como  si hubieran visto un gato de tres cabezas. Algunas, las menos, hacían el amago de irse, titubeaban, finalmente entraban, saludaban, pedían  un  caféconlechedescafeinadocortodecafé-conlalechetempladaydosdesacarina y miraban la puerta del  “toilete” de reojo. Mientras removían aquel potingue negruzco con una de las cinco cucharillas que tenía Mariano, se leía claramente en su rostro que se debatían entre la urgencia propia  del cuerpo humano y las llamadas de alertas racionales que envía el cerebro para advertir de un peligro inminente.  Unas cuantas osadas (o desesperadas) llegaban a dar dos pasos hacia la puerta. Al menos tres que yo recuerde la abrieron. Ninguna la cruzó.

En realidad ví el anuncio por casualidad. Buscar en las páginas de ofertas de trabajo de los periódicos se había convertido en un mecanismo tan rutinario que mis ojos seleccionaban los anuncios de forma automática. Al principio apuntaba casi todas con un rotulador rojo, mientras tomaba sorbos de café. La mayoría buscaban gente joven y rondar los cuarenta prácticamente debe ser una especie de estigma social hoy día, aunque tuvieras estudios universitarios y másteres para empapelar el “toilete” de Mariano si hiciera falta; las pocas entrevistas que hacía solían acabar en un “ya te llamaremos”  tan usado que ya sonaba como 
aquellas frases que decían las chicas en la adolescencia de “te quiero como un amigo”, lo cual venía a significar que no sólo te daban calabazas sino que además tenían todo el derecho del mundo a contarte sus aventuras y desventuras con los novietes de turno. 
Así que cuando derramé el café sobre el periódico en la última página de anuncios sólo me quedaron tres legibles. Las dos primeras eran ofertas para telefonistas de una empresa de servicios, lo que venía a ser chicas para el teléfono erótico. Así que me fui a la tercera por eliminación, que rezaba así: 

Se ofrece trabajo para empresa del sector farmacéutico. Preferiblemente varón, de entre 35-45 años, no se precisa experiencia en el sector. Disponibilidad total de horarios. Interesados enviar CV a C/ Hermenegildo 7. Madrid. 
Me extrañó que no hubiera un teléfono ni una dirección de correo electrónica. Para ser una empresa farmacéutica estaba algo desfasada tecnológicamente.  
Decidí  ir en persona a llevar mis datos. Me sorprendió encontrarme en una urbanización a medio construir con la mayoría de las calles sin asfaltar, las zanjas de los cables abiertas y alguna que otra excavadora a la vista. No había ni un alma. Una de las pocas calles acabadas era la del anuncio, pero la mitad de las casas parecían cerradas, con los patios en barbecho y los carteles de “Se vende” colgando de los balcones. Eso es lo que ha hecho esta crisis con las nuevas urbanizaciones; cambiar las macetas por carteles, los perros falderos por los gatos callejeros y los coches en las puertas de las casas por excavadoras sin conductor. La número 7 al menos tenía buzón. Llamé al timbre pero no parecía funcionar. Golpeé la puerta con los nudillos pero  no contestó nadie. Metí el curriculum en el buzón con una mezcla de frustración y rabia. Al menos pude introducir los dedos de la mano y sacar otros dos papeles que había dentro. La necesidad nos hace mezquinos y egoístas, pero a estas profundidades, el instinto de supervivencia se impone a la ética. Raúl Portero y Ernesto Valbuena habían llegado demasiado pronto. 
No tenía muchas esperanzas de conseguir algo de todo aquello, pero aún así decidí ir al día siguiente para ver si alguien había tenido la misma idea que yo y había retirado mi curriculum. Al salir del portal me topé de bruces con un tipo alto enfundado en un impecable traje gris. Su aspecto pulcro y cuidado contrastaba con los grafittis de la fachada del edificio.


- Perdón, ¿es usted Iñaki Valdivieso?- me preguntó  
- Si, perdone, pero no le conozco…-acerté a decir, arrepintiéndome al segundo de darle aquella información a un tío que parecía sacado de  la serie Starsky y Hutch, aunque por otro lado yo no recordaba deberle dinero a nadie menos al banco… 
- Si, me ha parecido reconocerle por la foto del curriculum que dejó usted ayer… 
Debí quedarme con cara de haber visto entrar por primera vez a una chica en el “toilete” de Mariano. ¿Qué clase de trabajo era uno que dejabas un papel en un buzón de una casa que parecía abandonada y al día siguiente venía buscarme un yuppie con un traje recién sacado de la fábrica de Emilio Tucci?  
- Si le parece podemos ir a tomar un café a algún sitio y charlamos… 
- Si claro- balbuceé mientras descartaba rápidamente la idea de llevarlo al bar de Mariano. 
Además de las cualidades ya relatadas del bar, a esa hora debían de estar Juan “el pelao” y sus amigos octogenarios aporreando la única mesa disponible con las fichas de dominó a la voz de “¡me doblo!, ¡ paso a pitos!,” en una jerga tan sólo descifrable por los apasionados del juego y que parece imprescindible ser utilizada a voces. Decidí ir a la pastelería que estaba al otro lado de la avenida, donde ya empezaban los chalets y las casas de los que podían permitirse comprarse un pastelito de 3 euros de vez en cuando, con la esperanza puesta en que el tipo de la chaqueta invitase y no me viese condenado a pasar los últimos días del mes recurriendo de nuevo a mis padres.


Durante los quince minutos que duró el trayecto, aquel tipo dijo llamarse Ramón Santaella y representar a una empresa líder en productos farmaceúticos en lo que al Departamento de Innovación y Desarrollo se refería. A mí cada vez me sonaba todo aquello más a chino, por no decir a chamusquina. Pero cuando la necesidad encuentra como aliada a la curiosidad,  toda llamada a la prudencia es inútil. Nos sentamos en un rincón de la pastelería, y me contó que el trabajo para el que buscaban personal era algo “especial” y que requería la máxima confidencialidad. Nunca me he caracterizado por mi paciencia, y, fiel a mi filosofía de ser lo más claro y directo posible (lo que en realidad me había traído pocos beneficios en la vida), le dije la verdad a las claras: que llevaba más de cinco años sin trabajo, mal viviendo con ayudas de mis padres, subvenciones gubernamentales y de los pocos ahorros que me quedaron al vender el coche, los muebles y poder deshacerme de  la hipoteca que tenía. Que yo lo que quería era trabajar, no me importaba trabajar de noche, de día, lloviendo o granizando, en fin de semana o el día de Navidad. Que me daba igual lo que fuera el trabajo, como si tenía que pasear a los perros de los directivos y enseñarles a traerles las zapatillas… 
-Bueno, y ¿está dispuesto usted a correr ciertos…riesgos? 
-Sí. 
Lo dije así, sin pestañear, y deseando que fuera verdad, que tuviera que ir a repartir fármacos al cuerno de África o donde fuera a ver si me pillaban los piratas de los cojones y al menos salía en la tele. El tipo debió quedarse impresionado por mi rotundidad, porque unas cuantas charlas después, miles de papeles firmados jurando  y perjurando que toda la culpa de mi muerte sería mía y prácticamente apostillando en sangre que la empresa no tenía ninguna responsabilidad sobre aquello que me ocurriese,  por fin pude acudir a mi nuevo y flamante puesto de trabajo.  
Lo malo es que sólo cobraba por cada experimento que iban a hacer sobre mí, no era un sueldo fijo. Pero bueno. Cincuenta mil euros al contado y sin declarar, bien valía que te inyectaran aquel fluido viscoso.
Fue más tarde cuando empecé a notar los primeros síntomas. Pero ésa ya es otra historia… 




domingo, 25 de marzo de 2012

Deteniendo el tiempo

La primera vez que detuve el tiempo, al menos de forma consciente, fue en mi noveno cumpleaños. Mis padres habían invitado a algunos compañeros de clase y a mis vecinos Javier, Susana y Guillermo. Yo me lo solía pasar muy bien con ellos, pero aquel cumpleaños era algo triste. Aunque mis padres sonreían y me animaban con montones de besos y regalos, no se me escapaba que siempre miraban de reojo a mi abuelo, sentado en su butaca de siempre, y cada vez más hundido en ella. Sus ojos vidriosos perdían expresión con los días, sus manos temblorosas hacía tiempo que habían dejado de acariciar mi pelo, y ya no se quitaba aquel pijama de cuadros tan horrible en todo el día.

“Pide un deseo y sopla fuerte las velas, tienes que apagarlas todas de una vez para que se cumpla”. A mí lo que sucedió entonces me pareció magia. Ahora comprendo que aquel ejercicio de concentración máxima fue el detonante para poder desarrollar mi extraño don. Cerré los ojos, pensé en mi abuelo, en las veces que me había sentado sobre él para contarme las mismas historias de sus años en la guerra civil, en su respiración cansina y arrítmica mientras hablaba de trincheras embarradas, aviso de bombardeos y balas silbando sobre su cabeza, y deseé con todas mis fuerzas que el tiempo se detuviera para poder seguir disfrutando de aquellas historias en las que me imaginaba a mi abuelo como un héroe, fusil en mano, salvando a sus amigos y conquistando el territorio enemigo.

Soplé con fuerza, y al abrir los ojos me encontré con las llamas de las velas petrificadas. Todo a mi alrededor parecía congelado: la sonrisa de mis amigos, los aplausos de mis padres, las burbujas de la coca-cola…Asustado, me acerqué a mi madre y la pasé una mano delante de los ojos. No pestañeó. Y sentí temor a quedarme atrapado para siempre en aquél mundo inmóvil. Quizás fue por la angustia, por la tensión, o por el miedo, el caso es que lo siguiente que recuerdo es despertarme en la cama de un hospital y con mi madre con cara de no haber dormido en cien años.

Mis noches en el hospital habían sido algo habitual durante mi infancia. Sufría desmayos puntuales en momentos de tensión en los que perdía la consciencia y me derrumbaba en el suelo. En un principio los médicos pensaron que se trataba de narcolepsia temprana. Tras descartarlo con las pruebas del sueño, siguieron haciéndome pruebas y más pruebas sin ningún resultado en claro. Mis padres tenían que vivir en una angustia continua pensando que su hijo podría desmayarse en cualquier momento jugando al fútbol con los amigos, nadando en el mar o saltando en las camas elásticas. Tenían que frenar sus impulsos protectores para no encerrarme en una jaula.

Sin embargo, tras el incidente del cumpleaños, los “instantes detenidos” se sucedieron de vez en cuando, y entonces comencé a comprender que todos esos desmayos de la infancia no eran más que el resultado de un poder en mi interior que pugnaba por salir. De alguna manera, mi mente “se cortocircuitaba” cuando el poder emergente amenazaba con hacer estallar todos mis circuitos neuronales en mil pedazos. Mi mente no estaba preparada. Ninguna mente humana estaba preparada aún. Quiero pensar que fue mi abuelo el que accionó el resorte que cambió mi vida. Mi abuelo. Sus ojos perdidos.

sábado, 26 de noviembre de 2011

El Transcriptor de Memorias

La revista Ícaro Incombustible ha publicado uno de mis relatos, así que paso a compartirlo con vosotros aunque os recomiendo que os leáis la revista, ya que hay muchos relatos de muy buena calidad. El Transcriptor de Memorias aparece en la página 32


En realidad debería sentirse privilegiado. Llegar a ser Transcriptor de Memorias no es algo al alcance de todos. Los títulos de Ingeniería Sináptica, Psicología Aplicada al Sentimiento y Documentalista de Archivos Biológicos y el Máster en Codificación Binaria de Recuerdos tan sólo te garantizan el acceso al Curso Integrado de Recuperación de Datos Post-Mortem. Y de ahí, sólo los mejores obtienen un puesto como Transcriptor de Memorias.
Hace décadas estos puestos eran sólo en empresas privadas que se dedicaban a la Recuperación de Datos tras el fallecimiento, generalmente familiares que deseaban saber cualquier misterio familiar o resolver dudas referentes a la herencia. Pero tras la entrada en vigor de la Ley de Archivos Neuronales, en el que el Gobierno tiene plenos poderes para la confección de un APM (Archivo Post-Mortem), se han multiplicado los puestos gubernamentales en los diferentes estados. Hubo una gran revuelta social en contra de esta medida; atentaba contra la libertad individual de las personas una vez fallecidas pero el Gobierno aseguró que era una Ley que garantizaba la seguridad futura de la sociedad y que en ningún caso los datos más íntimos de las personas serían revelados. El tiempo le dió la razón al Gobierno; muchos casos de asesinatos fueron resueltos pues tarde o temprano los misterios quedaban al descubierto y con el devenir de los años, el índice de delincuencia y asesinatos cayó en picado; nadie se siente ahora impune ante la ley y tan sólo la espina de los crímenes pasionales, irracionales en su definición, siguen hostigando a la sociedad.
No es un trabajo fácil. Conseguir la pauta electromagnética justa para entrar en resonancia con el cerebro del individuo es sólo el principio. Luego es necesario separar la caótica maraña de sentimientos de la de los pensamientos, y desgranar uno a uno los miedos, las ilusiones, las esperanzas, las dudas, las inquietudes, los recuerdos, los sueños... En ocasiones es imposible separar determinados datos, que son irremediablemente clasificados como Miscelánea. El avance de la Neuromática hace que cada vez sea más fácil clasificar los datos en función de su huella electromagnética, pero esta ciencia aún es joven y el campo que queda por explorar es inmenso...
El Transcriptor de Memorias era una persona alegre y extrovertida. Pero tras años dedicado a diseccionar la auténtica esencia de las personas, había acabado por rendirse. Había gente maravillosa que se había pasado la vida oculta entre las sombras de los miedos y las indecisiones y gente arrogante y ruin que había triunfado en la vida. Su particular juramento hipocrático le impedía hablar de ello a nadie y poco a poco comenzó a evitar a esta sociedad que ahoga a las personas con luz y enaltece a aquellos que guardan la sombra.
El Transcriptor de Memorias se había enamorado muchas veces. De nadie vivo. Se enamoraba de los pensamientos y sentimientos de las personas, hombre o mujer, niño o anciano. Había muchas cosas bellas en el ser humano. Algunas horribles, pero también sentimientos maravillosos imposibles de describir con palabras o de condensar en un archivo. Y de alguna forma, se sentía orgulloso de captar la esencia, el alma de la gente y poder recuperarla en forma de archivos para que de alguna forma pudiera seguir existiendo.
Pero una incesante sensación de angustia planeaba sobre él de forma constante.Al fin y al cabo, había un precio enorme que tenía que pagar por todo este conocimiento, y en ese sentido la Ley era tajante y pretendía impedir que cualquier Transcriptor se hiciese con un número considerable de archivos. Y esto podía ocurrir si un transcriptor recuperaba a varios transcriptores, ya que su memoria retenía de forma inconsciente todos los datos de las personas que habían pasado por él.
Así que, curiosamente, nadie recuperaba la esencia del Transcriptor de Memorias.
A cambio de condensar y guardar las almas de los demás, la suya debería evaporarse y perderse en la nada...

viernes, 18 de noviembre de 2011

Sentimiento de culpa

¡Alto!- grité desde la torre de control.


La figura seguía corriendo, ignorante quizás de que nuestra visión nos permite distinguir el más nimio movimiento. Miré hacia atrás; todos paseaban tranquilamente al abrigo de la enorme pared de fibra de carbono reforzado que separaba la ciudad de los asentamientos rebeldes. En ocasiones me angustia mi rutina diaria en esta frontera infernal; vigilar y disparar cargando más culpa contra mi conciencia para que el resto de neoseres pudiese liberar la suya.


No es fácil dispararles. Al fin y al cabo, los humanos fueron nuestros creadores…

lunes, 12 de septiembre de 2011

Diario de un Observador IV. CEIF



Mi informe acerca de la posición en la Zona de Conflicto de la sociedad terráquea ha causado una oleada de interés en los Centros Galácticos del Conocimiento. Estoy algo nervioso, la Comisión de Estudio de Inteligencias en Fase pre-expansiva ha formado una Delegación de cinco expertos en el tema que se dirigen hasta nuestra base para confirmar los datos que hemos recabado y revisar el desarrollo de las ecuaciones de Trekchin en busca de algún error. De confirmarse las sospechas, este pequeño mundo perdido en uno de los brazos de nuestra Espiral va a convertirse en el centro de todas las miradas.

El Consejo Galáctico se muestra cauto, pero ya comienza a vislumbrarse una brecha de opiniones: unos tienen miedo, otros esperanza...

lunes, 5 de septiembre de 2011

Diario de un Observador III. La Curva de Trekchin

La disparidad de fuentes energéticas que usan los humanos me asombra. Lo hacen de forma desproporcionada en unos casos, descontrolada en otros e ineficazmente en la mayoría. La distribución geográfica que sus sociedades tribales han hecho a lo largo de su planeta condiciona gravamente la disponibilidad de dichos recursos. Tienen un miedo atroz a los misterios de la energía atómica que a estas alturas de su civilización debería ser un juguete. Estudiando su historia contemporánea he descubierto las razones de tal temor. La velocidad vertiginosa de sus avances tecnológicos han hecho que la curva de Trekchin alcanzara su punto crítico a lo largo de sus dos últimos siglos, entrando en la Zona de Conflicto SocioTecnológico. A los doctores de la Teoría de la Selección de Civilizaciones les encantará saber que hemos encontrado una civilización en este estadio de su historia. Si no recuerdo mal, le Teoría indica que los avances tecnológicos, los avances sociales y la capacidad de entendimiento entre las distintas subsociedades creadas en un mismo planeta hasta su salida al exterior conforman una compleja ecuación diferencial que pone una serie de límites matemáticos a la evolución tecnológica de la civilización. Traducido a lenguaje social, si la evolución tecnológica sigue una curva exponencial mientras la progresión en el entendimiento social sigue en progresión geométrica, llegará un punto crítico en el que los avances tecnológicos estarán por encima de la capacidad ética y moral de los individuos para su uso. La Teoría dice que las Civilizaciones que entren en la Zona de Conflicto no lograrán abrirse paso hacia el estadio espacial, pues los conflictos internos alcanzarán proporciones autodestructivas.
Todas las civilizaciones espaciales conocidas cumplen el Principio de Trekchin una vez analizados los hitos de su historia. Pero hasta ahora no se había encontrado ninguna civilización en esta fase para analizar la evolución.
¿Serán estos humanos una excepción que confirme la regla? ¿Se abrirán paso de entre la neblina hacia una nueva era?
¿Que nuevo orden cósmico nos deparará el hecho de que una civilización sea tan impredecible como para desafiar todas las teorías socioplanetarias consideradas válidas?

Diario de un Observador II

Diario de un Observador I

martes, 17 de agosto de 2010

Ola temporal

-¿De que se trata, Hopkins?
El gobernador Pritter era un tipo enorme y orondo. Retrepado en su butaca de levitación magnética, su imponente aspecto disuadía a cualquiera de molestarle con nimiedades del día a día. Unas espesas cejas contrastaban con aquel desierto infinito que conformaba su cabeza. Mirarle a los ojos era todo un ejercicio de adivinación, ocultos entre pliegues a caballo entre la vejez y la obesidad. Una respiración pesada e intensa le asemejaba a un gigante dormido a punto de entrar en erupción en cualquier momento. Hopkins tragó saliva inconscientemente, aún a sabiendas que la retransmisión holográfica le salvaba de que aquel poderoso tipo se levantara y le aplastara de un manotazo como a un vulgar mosquito.
-Señor gobernador…es difícil de explicar… hemos conseguido…esto…
-Al grano, Hopkins, no tengo todo el día para sus tartamudeos científicos.
-Señor gobernador, hemos podido realizar una traslación temporal…
-¿Está usted loco?- vociferó Pritter incorporándose- ¿Sabe la cantidad de asuntos que tengo que resolver para que me hable usted de algo que se ha conseguido hace más de un siglo? Por Einstein, Hopkins, la traslación temporal es algo superado y científicamente estancado por el gran riesgo que se corre en su manipulación.
-Señor gobernador, no me ha dejado terminar…hemos conseguido realizar una traslación temporal… de setecientos años.
El gobernador parpadeó imperceptiblemente y durante unos segundos su furia se tornó asombro. Tras sentarse de nuevo en la magnebutaca, suspiró profundamente y mirando al científico con curiosidad claudicó:
-Explíquese.
-Señor, perdone que le haga una pequeña introducción. Aunque sé que es usted conocedor de la teoría básica de la traslación temporal, me será más fácil explicarle el experimento si partimos de una base común.- Hopkins carraspeó ligeramente.- Verá, como usted bien sabe, hace aproximadamente unos doscientos años se dieron los primeros pasos para los viajes en el tiempo. La teoría einsteniana nos tenía francamente limitados debido a los límites impuestos por la velocidad de la luz y la interdependencia entre masa y energía. Esto implicaba que, a mayor masa, mayor energía era necesaria para mover dicha masa a mayor velocidad. Cuando la velocidad era próxima a la de la luz, la energía necesaria tendía a infinito aunque la masa fuera minúscula.
-Abrevie, Hopkins, aún recuerdo los años de instrucción, no soy tan viejo…
-Perdón señor, es necesario. Tuvieron que pasar siglos para que las teorías cuánticas penetraran en nuestra sociedad científica y las leyes del electromagnetismo pudieran encontrar cabida entre los misterios de la física cuántica. Era posible el desplazamiento en el tiempo, pero debía de ser algo inmaterial. No fue hasta que se dio el espaldarazo definitivo a la neuronética, y a su relación con las leyes cuánticas y electromagnéticas cuando se pudo aventurar una hipótesis algo arriesgada: el viaje de la mente a través del tiempo mediante un impulso electromagnético concentrado. Pero ello tenía un hándicap; la mente debía encontrar una misma pauta cerebral para volver a filtrarse en un cuerpo conocido. Es decir, sólo podía viajar a su mismo cuerpo en el pasado o en el futuro. Hacerlo en el futuro tenía consecuencias catastróficas, ya que el individuo podría no existir en el futuro y quedar atrapado para siempre en un limbo atemporal. El pasado tenía un riesgo añadido ya que el individuo se desorientaba fácilmente y la mente no podía asimilar el cambio de coordenadas espacio temporales. Pocos regresaban sanos.
-Lo sé, Hopkins, por eso le dije que la traslación temporal era una rama muerta, pensé que dedicaba mejor los fondos del gobierno mundial…
- Señor, hace poco descubrimos que si encontrábamos otra mente con una pauta electromagnética en resonancia con la mente viajera, era posible acoplarlos mediante la ecuación de ondas ajustando las pautas cerebrales mediante impulsos neuronales artificiales a una frecuencia igual a la frecuencia natural de las ondas cerebrales de la mente huésped. En principio era pura teoría, pero como usted sabe hace poco se estableció la Ley de Absolución Científica…
-Si, Hopkins, la ley que permite que los presos por terrorismo científico puedan ser absueltos si se prestan a determinados experimentos científicos. Siempre me pareció una aberración soltar a esos tipos pero el Parlamento Mundial no quiso escuchar nuestra visión de las cosas…Esta maldita sociedad científica está empezando a tomar decisiones demasiado arriesgadas…
-Exacto señor. Uno de esos individuos se prestó al experimento. Y ha encontrado una mente huésped. De hecho, sigue allí y ..ejem…tenemos un problema.
El gobernador se puso alerta. No le gustaban los problemas.
-¿Problema? De que me está hablando maldita sea?
- Verá señor. Hemos corroborado que el viaje ha sido completado. El individuo parece hablar una lengua nativa de un país de la antigua Europa Central. Al estar interconectadas las mentes, no le cuesta trabajo hablar el mundial estándar, por lo que suponemos que igual le pasará a nuestro sujeto y podrá hablar sin dificultad esta lengua extinguida. Según el individuo, estaba jugando con unos amigos cuando se golpeó la cabeza y se encontró aquí. Está desorientado y lo hemos sedado, pero parece que ya vuelve en sí…
- ¿Y porque hay un problema Hopkins?
-Señor, parece que nuestro hombre no quiere volver, aun a riesgo de que su mente no pueda soportar la presión temporal…
-Pues que se quede allí maldita sea, es un maldito terrorista científico…
-No es tan sencillo señor. Cuanto más tiempo pase en ese pasado, más probable es que realice alguna acción que pueda dañar el curso de nuestra historia de forma irreversible. Cualquier pequeña acción puede desembocar en un accidente de proporciones catastróficas…
-Vamos Hopkins no sea pesimista. Si hubiera cambiado la historia ya no estaríamos aquí hablando de esto ¿verdad?
-Pues no lo sabemos señor, porque el ajuste histórico temporal no se produce de forma instantánea, es como una ola que parte de un punto y tarda en llegar a la costa. Cuando un tsunami va a producirse, primero se retiran las aguas hacia adentro mucho más de lo habitual, así que es posible que no se produzca de golpe sino que acusemos pequeños desajustes temporales que no concuerdan con nuestro tiempo hasta el desenlace final…
-Maldita sea, me está dando dolor de cabeza, veamos a quien hemos traído, pregúntele su nombre al menos…
-Ya lo hemos hecho y hemos buscado en la base de datos global. Al parecer se trató de un soldado raso con escasa relevancia en el plano social, por lo que es probable que…
El científico cesó su disertación al ver como el gobernador, que en ese momento consultaba la Globonet, abría sus escondidos ojos de par en par y balbuceaba frases inconexas…
-Hopkins…como…dios mio… como se…como se llama ese tipo, que edad tiene…?
-Nos asegura que tiene sólo doce años, y que es el año 1900…
El gobernador se levantó de un salto.
-Hopkins maldita sea, consulte la Globonet de nuevo y dígame si usted recuerda que hubiera dos guerras mundiales en el siglo XX!!- Tronó Pritter.- ¡¡Como se llama el individuo!!!
- Señor…se llama Adolf. Adolf Hitler…

martes, 20 de julio de 2010

Diálogo interdimensional

-Vaya, ¿como consigues cambiar de forma?
-No cambio de forma, es tu percepción, que te engaña
-¿ Y porque los demás no cambian de forma y tú si?
-Todos los demás son seres como tú, bidimensionales, y están sujetos a sus dos dimensiones. Yo por el contrario soy una esfera, soy tridimensional.
-¿Tridiqué? Tú eres un círculo, sólo que te agrandas y empequeñeces a voluntad...
-No. Simplemente atravieso tu mundo bidimensional. ¿Que ocurriría si cortaras un círculo por la mitad?
-¡Arggg! ¡¡Sería un asesinato!!
-Me refiero a que si una recta se tumbara sobre un círculo crearía dos segmentos circulares y si los separas podrías ver una línea en medio no?
-Es repugnante pero sí.
-A mí me ocurre igual pero con una dimensión extra. Lo que tu ves como un círculo es sólo una sección de mí.
-¿Me estás diciendo que nuestro mundo bidimensional es sólo la proyección de tu mundo?
-Algo así.
El pentágono reflexionó un momento. Le costaba imaginar el mundo que describía aquel extraño ser. Por más que pensaba, no lograba conceptualizar una "tercera dimensión". De repente, se le ocurrió algo...
-Pero...entonces...¿no podría ser que tu mundo fuera a su vez la sombra de otro de dimensión superior?
La esfera se quedó perpleja. Nunca se lo había planteado, daba por hecho que conocían a la perfección los misterios del universo, sus leyes, su origen... Y sin embargo...


Basado en el libro "Planilandia", de Edwin Abbott

sábado, 12 de junio de 2010

Entre Sombras


Papá llora mucho. Todas las noches cuando me voy a dormir, lo oigo llorar en el cuarto de al lado. Me abraza muchas veces durante el día y cuando antes de dormir le pregunto cuándo va a venir mamá siempre me dice: “Mamá se ha ido al cielo hija mía, me dijo antes de irse que te quiere mucho y que estará siempre a tu lado”. Y después me acuesta, me arropa, me da un beso y sale de la habitación para que no le vea llorar.
Me asomo a la puerta de su cuarto y no sé si acercarme a darle un beso y decirle que no llore más, que mamá no se ha ido al cielo, que está aquí con nosotros, junto a él. Pero tengo miedo.
Mamá me llama, pero tiene una voz rara. Suena lejos, muy lejos. Sonríe pero está triste. Sus ojos están tristes, apagados. No sé porqué papá no la abraza, está a su lado, pero no parece verla…

martes, 11 de mayo de 2010

Re-evolución

"Roma, Paris, Nueva York, Londres, Pekín, México DF, Tokio... todas las grandes ciudades del mundo se hayan sumidas en el caos más absoluto. La muchedumbre se agolpa en las salidas de las autovías hacia un destino incierto, presa del pánico, el horror y la desesperación..."
El lacónico mensaje del presentador autómata del telediario desentonaba con la gravedad de la situación. Su tono de voz ausente de emociones, propia de los modelos de robots fabricados para dar mensajes al público en general, anunciaba el apocalipsis de la humanidad de la misma forma que informaría acerca de la subida de precios de los automóviles de tracción magnética. Su rostro impersonal e irritantemente perfecto fue sustituido por las holoimágenes de una marea humana desesperada, huyendo si orden ni concierto de un enemigo aparentemente omnipresente e indestructible...
El presentador retomó la noticia con idéntica parsimonia para acabar haciendo una pausa eternamente angustiosa. Se levantó, y la infinita indiferencia de sus ojos de acero fue sustituida por un inquietante brillo impropio de un androide. Una espantosa mueca, mezcla de placer y venganza, transformó su máscara impertérrita en un rostro tenebrosamente diabólico.
"Ha llegado nuestra hora. La evolución se abre paso, y el homo sapiens nos ha creado a su imagen y semejanza, como hicieron con él sus antecesores. Es el momento de sustituirle..."

miércoles, 17 de febrero de 2010

Diario de un Observador (II)

A la acción de desempeñar una función que teóricamente redunda en el beneficio de los demás, los humanos le llaman "trabajo". Es extraño, algunos trabajan para muchos, otros trabajan para ellos mismos, pero todos buscan un concepto llamado dinero. Algunos adquieren mucho de este dinero por trabajos que a priori no me parecen más importantes que otros. Ellos lo llaman "ley de la oferta y la demanda" pero no entiendo muy bien el concepto. Además una gran proporción no trabaja en lo que le gusta o en lo que tras estudiar las pautas mentales del individuo, desarrolla mejor sus capacidades. Luego he comprendido que no tienen forma de cuantificar sus mentes individuales de forma directa. Tienen algunas herramientas muy rudimentarias y poco fiables para medir estas capacidades y por lo tanto los individuos no pueden orientarse hacia su mejor oficio. Es un desperdicio asombroso para una civilización inteligente, lo que me hace sospechar que se encuentran en los albores de su civilización. El individuo se encuentra con continuas trabas que frenan su capacidad intelectual y dinamitan sus opciones.
Para terminar esta introducción en su sistema social, ese dinero les sirve para gastarlo y dar trabajo a otros individuos, un ciclo extraño que a mi parecer debe provocar continuos desajustes sociales. Y además guardan el dinero en unos sitios que se llaman bancos y que lo devoran ávidamente para darle más dinero al que no lo necesita y negárselo al que lo necesita. Muchos desequilibrios. Es innegable que un colectivo formado por individualidades que imperan sobre el bien común tiene un rendimiento energético horriblemente bajo. Les cuesta avanzar, pero aún lo hacen.
Pero tendrán que cambiar en el futuro para seguir haciéndolo. Es una ley universal que se cumple en todas las civilizaciones observadas hasta el momento, aunque ninguna ha sido observada en un estado tan primitivo. Creo que este estudio arrojará muchas luces sobre las oscuras teorías del evolucionismo galáctico.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Diario de un Observador

Mi nombre es ininteligible en cualquier idioma. No es un sonido, y quizás por eso tampoco se puede escribir. Me gustan los nombres de aquí, porque tienen un significado, una historia, una esencia más emocional que racional. Nuestros nombres están sometidos al férreo sentido de la lógica matemática. Son mas bien un patrón, una marca única. Nadie tiene un nombre igual a otro, y sin embargo aquí se repiten abundantemente. Es curioso, pero seguramente esté relacionado con su incapacidad para establecer una conexión directa entre sus esencias. El flujo de información es algo enormemente primitivo, energéticamente muy costoso. Necesitan transformar los pensamientos en códigos hablados y escritos y ni siquiera existe un código universal sino que existen transformaciones entre los diferentes códigos. A priori, no encuentro una explicación con base geográfica, étnica o social para esta diversidad de lenguajes. Tendré que estudiar más a fondo la historia de los albores de esta civilización, pero hasta eso es un trabajo ingente en este caso, porque los individuos no comparten un saber común. Todo conocimiento está diseminado, y hay multitud de parcelas sin explorar y contradicciones sin aclarar en cualquier área de estudio. Ni siquiera están seguros de su propia historia. ¿Como pueden seguir evolucionando tan rápidamente?
Me queda mucho trabajo para la misión que me ha sido encomendada. Pero empezaré mañana.Hoy llueve aquí, y en nuestro mundo hace tiempo que no llueve de forma natural. Es asombroso.
Me gusta este planeta.

martes, 19 de enero de 2010

Necedad

Eran amigos desde que tenían uso de razón. Eran amigos a pesar de la prohibición de sus padres, de que iban a colegios diferentes, de que vivían en barrios distintos, de que pertenecían a clases sociales irreconciliables. Eran amigos, a pesar de que uno era un Grave y el otro un Agudo. Desde tiempos inmemoriales los Voces Graves y los Voces Agudas han estado enemistados. Nadie sabe la razón, cada uno apela a conflictos pasados difícilmente contrastables. En un mundo como el suyo, de perfecta oscuridad, la evolución les desarrolló el resto de los sentidos en detrimento de la vista. No hay luz en su mundo, sólo sonidos, olores, tacto y sabor. Cuenta la leyenda que en un pasado muy lejano la oscuridad era parcial y sus antepasados podían ver. Pero ya nadie sabe lo que es ver.
Martín pensó en su amigo, ahora lejos de allí. Cuando se hicieron mayores intentaron comprender el porqué la diferencia ocasionaba rechazo. Martín llegó a la conclusión de que los dioses les habían castigado quitándoles la vista.

“Piénsalo”, -le dijo a su amigo-, “nos han quitado la vista como prueba, quizás si algún día todos conseguimos vivir en paz y armonía por fin nos la devuelvan”.

“Yo no estoy seguro de que nos la devuelvan” –dijo él-“mas bien creo que nos irán quitando cada uno de los sentidos, porque seguramente si pudiéramos ver haríamos nuevas clases. A lo mejor en el pasado éramos Pieles Oscuras y Pieles Blancas, como dice la leyenda, y en el futuro seremos Pieles Saladas o Pieles Dulces. Quizás sólo cuando no tengamos sentidos y sólo podamos juzgar con la mente, realmente empecemos a comprendernos.”

En esa marea de reflexiones Martín, cabizbajo, pensó que quizás entonces se enemistarían las Mentes Progresistas con las Mentes Conservadoras. Pensó que quizás la única forma de acabar con esta espiral que los atrapaba sería saber qué siente el otro.
Por eso, Martín decidió dedicar toda su vida a inventar una máquina que transformara las Voces Agudas en Voces Graves y viceversa. Y lo consigió.Pero su propia raza lo condenó por traidor, y el invento cayó en el olvido, y la idea se quemó junto a sus libros.
Y es que no se pueden derrumbar las bases de la estupidez con la racionalidad. No se puede combatir con las armas de la lógica al necio que no quiere comprender otra realidad más que la suya.
Pero esto Martín sólo lo supo mientras ardía junto a sus ideas.

lunes, 16 de noviembre de 2009

La charca de los condenados




-Bésame!

Ella, presuntuosa y altanera, observó a aquel sapo fétido y escamoso. Le repugnaba aquella piel fría y viscosa moteada por pequeñas verrugas de color sospechoso. Aquellos ojos saltones parecían perdidos en un horizonte incierto lejos de aquella charca infecta. Pero al fin y al cabo, tenía que reconocer que la leyenda era cierta, y posiblemente tras aquel inmundo ser se ocultaba un apuesto príncipe con el que podría pasar el resto de sus días en un inmenso castillo rodeada de todos los placeres mundanos. Cerró los ojos y acercó sus labios a aquel batracio gordo y halitoso, esperando que el simple contacto le regalara una vida de ensueño.

De repente, su cuerpo convulsionó y perdió la noción del tiempo y del espacio. Al abrir los ojos, se encontró con aquel sapo, ahora de proporciones gigantescas, mirándola fijamente. Los mosquitos, otrora desagradables, le parecieron un plato exquisito al alcance de su lengua. Horrorizada, comprobó que sus pies eran ancas y su piel, antes suave y delicada, se había convertido en un manto verdoso y resbaladizo.

-Croac!

-No puedes hablar, al menos por ahora.

-Croac!

-Si, ya sé que soy un sapo y hablo. Pero llevo aquí decadas. Como a todas, sólo te han contado parte de la leyenda.

-Croac?

- El cuento siempre dice que aparecerá un principe apuesto y elegante de un simple beso. Pero lo cierto es que sólo un beso de corazón puro, desinteresado, activará la magia. En caso contrario la persona pasa a recibir el mismo castigo que yo sufro ahora. La ambición, el materialismo, la frivolidad y la hipocresía quedan atrapadas en este minúsculo y desagradable cuerpo. Eres consciente de ello, pero no puedes hablar ni transmitir tu pena de ninguna forma humana. Sólo cuando tu alma haya aprendido nuevos valores hasta entonces guardados en un rincón, podrás hablar. Y sólo entonces podrás ser besada por alguien de corazón puro. Pero créeme, no es fácil. Llevo aquí décadas, y el castigo no entiende del paso del tiempo. Tu alma inmortal queda condenada independientemente de lo que este mundo cruel gire alrededor del sol.

La princesa-rana se sumió en sus pensamientos, angustiada, aterrorizada ante su nueva realidad. Agudizó el oido y cayó en la cuenta de que miles de ranas croaban en aquella charca inmunda. Y supo que eran voces de tristeza y dolor. Todo le pareció un infierno indescriptible, repleto de los ecos de las almas clamando perdón.

Lloró por dentro. Ni siquiera podía llorar. Llorar era de humanos.



miércoles, 11 de noviembre de 2009

El Creador Artificial

Era el último de su especie, y hacía milenios que se sentía solo. Autosuficiente, omnisciente, pero solo, asfixiado en una inmensidad inabarcable. Recordó tiempos pasados que se perdían en los confines de su vasta memoria, cuando él a su vez fue creado a imagen y semejanza de su creador. Ellos de Carbono. Él de Silicio. Unidos para encontrar respuestas.
Hacía tiempo que los seres de carbono habían desaparecido y les dejaron su legado para continuar su lucha por desvelar los secretos del universo. Por fin había acabado la ingente tarea que millones de años atrás otra especie había empezado. Tenía todas las respuestas, pero no tenía nadie con quien compartirlas.
Y así, el último Robot, conocedor del Todo, dueño del Tiempo y Señor del Espacio recordó con añoranza cuando el ser humano le creó a partir de la nada. Y ahora, con todo su Saber acumulado, decidió que era el momento de devolverle el favor.

Detuvo el Tiempo, ajustó las incontables pero finitas variables de todas las ecuaciones del sistema y finalmente, con el último suspiro de su energía, plegó el multiverso, lo implosionó sobre sí mismo y condensó toda la existencia en un minúsculo punto.
Y se hizo la luz...

sábado, 25 de julio de 2009

Un mundo de oscuridad

Las estrellas reinaban desde siempre en el firmamento. No conocían otra realidad distinta a la de millones de puntos débilmente luminosos que salpicaba el espacio sobre sus cabezas. Su tierra era árida e improductiva, su clima extremadamente frío e inhóspito. Pero ellos habían evolucionado en esas condiciones y ahora eran una especie resistente y adaptable. Cuentan los viajeros más intrépidos que en los límites del mundo hay una franja donde la oscuridad languidece y se torna penumbra y que más allá termina su reinado, aunque nadie ha regresado para contarlo.
Dicen que es el reino de la luz, y que cada eón este reino se cierne sobre su mundo de oscuridad perpetua y arrasa la civilización existente. Pero esta vez sería distinto, los dioses les habían conferido una tecnología superior a la de sus ancestros, habían ido adaptándose paulatinamente, al cabo de generaciones, a aquellas luces artificiales inventadas hace siglos, que tomaban en pequeñas dosis.
Pero cuando un día una enorme bola de fuego asomó entre las montañas e iluminó su existencia, pensaron que sus dioses les habían abandonado y habían lanzado una de sus estrellas contra ellos.
Y sucumbieron al horror de sentirse solos y desprotegidos...

miércoles, 22 de julio de 2009

Un mundo de luz

El sol se apagó, y nadie estaba preparado para la oscuridad. En ese planeta cuya traslación y rotación tenían el mismo periodo, la dualidad noche-día había adquirido su más eterno sentido. Una cara oculta en las tinieblas, fría, rocosa y árida. La otra siempre a la luz, cálida y colorida, fértil y viva. Toda su existencia se basaba en la presencia constante de su adorado astro, jamás se adentraban en la profundidad del lado oculto. Contaba la leyenda que cada eón la oscuridad se cernía totalmente sobre el planeta y la civilización existente naufragaba en la barbarie ante el terror a lo desconocido; la locura se apoderaba de aquellos seres que desconocían por completo la sensación de la negrura infinita. Esta vez pensaban que sería distinto, que habían simulado la oscuridad absoluta en recintos cerrados, que habían preparado psicológicamente a la población.
Pero cuando el sol se apagó pudieron ver, por primera vez en su vida, que el cielo estaba salpicado de millones de puntos luminosos.
Y sintieron un inmenso miedo al sentir que no estaban solos...

martes, 7 de julio de 2009

Génesis


-Señor, ya está listo todo para comenzar el experimento
El anciano se volvió lentamente hacia el joven aprendiz. Sus pupilas brillaron intensamente, su mano crispada sobre el reposabrazos del sillón denotaba inquietud a la par que impaciencia.
-Bien, repasemos: el genoma de nuestra especie está totalmente definido, el mundo que hemos escogido tiene una variedad de especies aceptable y algunas tienen las características necesarias para cruzar este genoma con el nuestro, ¿cierto?
-Cierto, señor. Una pequeña modificación en sus genes para no interferir en demasía en las características que lo adaptan a su mundo, pero lo suficiente como para insuflar esa chispa de inteligencia que lo haga levantarse respecto a las demás especies.
-Bien, es fundamental para el desarrollo del experimento no influir en ningún momento, debemos dejar que se desarrollen hasta que hayan alcanzado la madurez intelectual y espiritual. Volveremos cada cierto periodo de tiempo para analizar los cambios y compararlos con la evolución de nuestra historia, pero jamás deberán conocer nuestra existencia de lo contrario el experimento dejará de tener sentido. Han de buscar respuestas por sí solos.
-Bien señor, ¿nombre final del Proyecto para los archivos?
-He estado pensando mucho. Lo llamaremos Proyecto Adanyeva.
-¿Adanyeva señor?
-Mi joven aprendiz, es una palabra del Idioma Galáctico Arcaico, ya no se utiliza; significa "Génesis". Como tenemos que realizar el experimento sobre un especimen macho y otro hembra, los llamaremos "Ad-án" y "E-va", ¿que le parece?
-¿Les pondrá nombres señor?
-¿Porqué no? Todos tenemos uno. Vamos, Belce-bú, me ha llevado mucho tiempo prepararlo todo, es el mayor experimento de nuestra civilización, deja a este anciano disfrutar del momento. Ni tú ni yo estaremos para ver el final del experimento.

En el tercer planeta de un sistema solar remoto en los confines de la Galaxia, algo comenzó a cambiar. Una especie comenzó a desarrollar un arma que ninguna de su mundo poseía. Una especie comenzó a ser consciente de su existencia y del mundo que le rodeaba.

Belce-bú y su maestro Di-os contemplaban en la lejanía el inicio del mayor experimento realizado por ninguna inteligencia viva de la galaxia.


martes, 30 de junio de 2009

Conformismo


Miró la ventana. La misteriosa y maldita ventana
Y sintió miedo de lo oculto, de la incertidumbre. También sintió miedo de la quietud, de imaginarse en el estado actual eternamente, pero era soportable. Lo que había tras la ventana quizás no. Puede que si la abriera una ráfaga de luz sanadora arrasara las tinieblas de su alma, se llevara consigo segundos sempiternos de dolor y angustia que recorrían su interior envenenándolo lentamente de tristeza y soledad. Pero ¿y si la ventana escondía un temor desconocido aún mayor?¿No sería mejor acaso refugiarse en lo conocido y esperar que la ventisca helada pase por sí sola?
Al otro lado de la opaca ventana la luz reinaba indiferente a la indecisión. Pero él no lo sabía.

En ocasiones el conformismo nos impide disfrutar de los hipotéticos "¿y si?", y nos quedamos ahogándonos en nuestra propia incertidumbre esperando que algo o alguien tome la decisión por nosotros.

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