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lunes, 26 de julio de 2010

Susurros del pasado

Nunca volví a tener amigos como los que tuve cuando tenía doce años. Quizás al madurar es más complicado amoldar a tu carácter las nuevas personalidades que se agolpan en la entrada de tu vida. Quizás la amistad forjada al mismo tiempo que tu personalidad funda las almas en una sincronía indisoluble. Y con el tiempo, penetrar en la coraza endurecida por la experiencia se haga más y más difícil.
Sin la asfixiante necesidad del día a día que ahora marca nuestro ritmo, la infancia y la adolescencia tienen su propio tic tac. Un horizonte lejano indefinido no es suficiente para conformar una meta visible. En ese caminar hacia el futuro, pasábamos los inviernos suaves y húmedos de las zonas de costa esperando los quince minutos de recreo para volver a reír. Dos recreos de quince minutos, dos paréntesis a los libros para seguir forjando una amistad regada de millones de instantes fugaces pero intensos. Y en ese destino incierto que nos aguardaba, llenábamos los días de verano de partidos de fútbol, de arena ardiente y mar salada, de risas al viento, de amistad sin límites ni condiciones.
Con el paso de las décadas, la neblina del pasado oscurece los detalles y tan sólo deja entrever las formas de lo que fue nuestra vida. Gracias a mis amigos, a los de toda la vida, mi neblina me sonríe y me susurra que soy un tipo con suerte.


Dedicado a Francis, Rubén, Iván, Juan, Sonia, Blanqui y Miguel

martes, 25 de mayo de 2010

Nunca más.

Decidí dejarle terminar aquel tema de conversación. Ya no era un diálogo, ni siquiera una discusión, más bien un monólogo soez y sin sentido, una palabrería incansable aderezada con insultos y gesticulaciones exageradas. Su aliento enrarecido y apestoso me hizo temer lo peor. Cuando bebía, se convertía en aquel monstruo horrible que siempre vuelve por más que yo quiera cerrar los ojos y no ver la realidad. Ya nada le calma. Mi silencio le exaspera y él grita aún mas fuerte. No soy capaz de articular palabra, su ira se alimenta del miedo que expresan mis ojos, suplicantes, temerosos, rendidos ante la fuerza de lo incomprensible..."No grites tanto, por favor, vas a despertar a ...". La frase murió en mis labios sin llegar a nacer, abortada violentamente con un bofetón que sonó como las puertas del infierno al cerrarse tras de mí. Volví a mirarle a la cara justo para recibir el impacto de su enorme puño en mi ojo izquierdo. Una cortina roja cálida y viscosa se dejó resbalar desde mi ceja para enturbiarme la visión e inundar mi boca en un sabor férreo. Era yo, que me consumía. Levanté mis ojos empañados en lágrimas y sangre para suplicar, y la imagen de mi hija en la puerta, llorando y gritando a su padre que no pegara a mamá se pegó a mis recuerdos para siempre. Todo ocurrió a cámara lenta. Aquel monstruo al que tanto había querido, que tantas promesas me había susurrado en las noches de antaño, que tanto besó mis labios que ahora se empeña en romper una y otra vez, aquella bestia inhumana que se escudaba en su mala suerte y al que el alcohol había transformado poco a poco hasta convertirlo en una sombra de lo que fué, levantó su brazo y golpeó a mi hija, a nuestra hija. Golpeó a cinco años de felicidad absoluta, a aquel ángel que me conectaba al mundo real cuando yo creía estar atrapada en un calvario continuo. Y entonces comprendí que me había engañado a mí misma, que nada cambiaría, que todo iría a peor, que aquel demonio disfrazado de hombre siempre había sido así y yo llevaba un velo de engaño en la mirada. Volvió a levantar el brazo para descargar su ira contra aquel ser inocente que era sangre de su sangre, que era el fruto de lo que un día yo creí amor. Y la mirada aterrada de ella hizo explotar mi interior en un estallido apocalíptico. Me fragmenté en porciones asimétricas de ira, rabia y desesperación. Sentí el nacer de un nuevo día, el amanecer de una nueva era y con la visión borrosa y las fuerzas al límite agarré aquel atizador de la chimenea y descargué mi dolor un un solo golpe mientras sonaban en mi cabeza todas aquellas voces amigas que siempre me habían querido ayudar cuando era ciega de corazón y sorda a la razón...
Abracé a mi hija, que lloraba. Algún vecino había llamado a la policía. No sé cuanto tiempo había pasado cuando llegaron, pero allí seguía yo, besándola y prometiéndole una vida mejor mientras nos rodeaba la sangre de aquel que decía quererme mientras me mataba día a día.

martes, 11 de mayo de 2010

Re-evolución

"Roma, Paris, Nueva York, Londres, Pekín, México DF, Tokio... todas las grandes ciudades del mundo se hayan sumidas en el caos más absoluto. La muchedumbre se agolpa en las salidas de las autovías hacia un destino incierto, presa del pánico, el horror y la desesperación..."
El lacónico mensaje del presentador autómata del telediario desentonaba con la gravedad de la situación. Su tono de voz ausente de emociones, propia de los modelos de robots fabricados para dar mensajes al público en general, anunciaba el apocalipsis de la humanidad de la misma forma que informaría acerca de la subida de precios de los automóviles de tracción magnética. Su rostro impersonal e irritantemente perfecto fue sustituido por las holoimágenes de una marea humana desesperada, huyendo si orden ni concierto de un enemigo aparentemente omnipresente e indestructible...
El presentador retomó la noticia con idéntica parsimonia para acabar haciendo una pausa eternamente angustiosa. Se levantó, y la infinita indiferencia de sus ojos de acero fue sustituida por un inquietante brillo impropio de un androide. Una espantosa mueca, mezcla de placer y venganza, transformó su máscara impertérrita en un rostro tenebrosamente diabólico.
"Ha llegado nuestra hora. La evolución se abre paso, y el homo sapiens nos ha creado a su imagen y semejanza, como hicieron con él sus antecesores. Es el momento de sustituirle..."

martes, 6 de abril de 2010

Noche veneciana.

En un camastro desvencijado, Joel jugaba con un roído antifaz. Era el último vestigio de una noche que igualaba a todos, el recuerdo de una anhelada vida ficticia. Todo a su alrededor lo devolvía cruelmente a su cruda realidad; el papel ajado de las paredes mohosas, el mugriento suelo de baldosas desiguales, el deteriorado espejo sobre el oxidado lavabo, el goteo incesante de un grifo cansado... En su vieja casa del barrio judío veneciano, testigo de su infancia y ahora dueña de su vida, guarida de sus lamentos, Joel se refugiaba del pesimismo sombrío que lo embargaba. Se tumbó sobre aquella cama de sonido lastimero y recordó la imagen de aquella chica de elegante antifaz, purpúreo y llamativo. Aquella sonrisa de ángel había bailado con él la noche pasada, donde todo eran máscaras y todo el mundo jugaba a ser quien no era. Se miraron a los ojos en un eterno segundo, atrapados por la magia del momento, y el temió que ella descubriera en su mirada que estaba nadando en un mar que no le pertenece, viajando en un mundo que no es el suyo. Huyó. Quiso dejar atras las luces, los fuegos artificiales, la alegría desenfrenada del gentío junto al Puente Rialto, las góndolas iluminando el Gran Canal...quiso huir de todo aquello y refugiarse en su camastro polvoriento y aislado, y llorar por un mundo lleno de clases sociales y peldaños imposibles de escalar para un joven criado en la pobreza. Atrapado por el recuerdo de su sonrisa, Joel deseó que siempre fuera carnaval para vivir su vida ficticia que sólo duraba una semana al año...
Mientras, en una casa perdida en un callejón del mismo barrio, Esther guardaba el antifaz de color púrpura que una señora rica le había regalado cuando era pequeña y pedía limosna junto a su madre en las húmedas calles venecianas. Se acordó del chico de roído antifaz y mirada humilde con el que bailó anoche y se maldijo por seguir creyendo en cuentos de hadas y príncipes azules. Los príncipes en la vida real salen huyendo cuando se dan cuenta que la chica no es de su clase social y que sólo pretende vivir una vida ficticia durante el carnaval...

martes, 27 de octubre de 2009

Diario de lo efímero.

Querido diario:
Hace un tiempo que has dejado de tener sentido, así que hoy escribiré tu última página. Te guardaré en un cajón olvidado aunque no puedo asegurarte que algún día dejes de existir, dado lo efímero del nuevo mundo que hemos creado. La guerra se ha convertido en un ciclo interminable de horror y desesperación. No hay nunca vencedor ni vencido definitivo pues ambos bandos han logrado la tecnología necesaria para viajar al pasado y cambiar al rumbo de una guerra de la que nadie recuerda su origen. Hoy escribo y mañana puede que no exista para más adelante estar en el bando contrario. Nuestro cerebro no es capaz de asimilar estos cambios de realidad y la mayoría se quedan convertidos en zombies atemporales cuya alma vaga sin rumbo buscando una referencia a la que agarrarse.
Añoro los tiempos en los que la tinta grabada sobre tí reflejaba mi visión del mundo que nos rodeaba. Ahora leo tus páginas y no recuerdo nada de lo escrito y no sé si realmente lo he vivido o si todo ha sido pura invención.
Mañana dejará de existir de nuevo el pasado, y volveremos a intentar reconstruir un futuro con fecha de caducidad. Y quizás vuelva a escribir este mismo final.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Nunca te dije...

Nunca te dije todo lo que sentía. El tiempo parecía una entelequia intangible que corría apresuradamente para que jamás pudiéramos atraparlo. Quizás me perdí en lo urgente y dejé atrás lo importante. Siempre pensé que era suficiente con estar a tu lado, pero ahora me arrepiento de no haberme apeado de vez en cuando de esa frenética carrera sin sentido y dedicarme a ti, a nosotros.Ahora es tarde. Ahora no estás conmigo. Ahora te veo llorando en el camino, sola, desorientada, anclada en el pasado. Y yo no puedo ayudarte. Incluso desde esta otra dimensión noto tu angustia y me llena de agonía. El dolor físico no existe aquí, pero cierto tipo dolor no ha dejado de existir. Es etéreo y por ello intratable. No hay peor sufrimiento que el que sabes que no tiene cura.
Mientras para los demás el tiempo sigue escapando de sus manos, para mí, el tiempo se detuvo y yo pasé de largo sin darme cuenta...Nunca creí que la vida me apeara de su camino sin dejar siquiera que me despidiera de tí. Ahora te observo, vacía de esperanza, arrodillada frente a la lápida que tiene grabado mi nombre y me acuerdo de aquellas cosas que nunca te dije...


jueves, 10 de septiembre de 2009

El Reloj Atemporal


Aquel antiquísimo reloj de pared exhaló su último tic tac; el silencio se hizo insoportable.
No era un reloj cualquiera. Era el Reloj, y siempre había estado allí, en ningún sitio. Era adimensional y atemporal, aparente contradicción para algo cuya existencia es el Tiempo mismo. Pero al igual que el Hacedor estaba fuera de la Materia que moldeaba, el Reloj estaba fuera del Tiempo que creaba. Tiempo y Materia, Reloj y Hacedor. Inseparables, seguían bailando en una constante y eterna danza al son de la cosmológica melodía que los envolvía en un abrazo del que brotaba la propia Vida.

Y ahora, aquel antiquísimo Reloj, más antiguo que el Tiempo mismo, frenó el inexorable avance hacia un nuevo tic tac de aquella enorme y marmórea aguja. El cosmos entero quedó paralizado en un No Tiempo angustioso, sin Vida, pero tampoco sin Muerte, porque hasta ahora todo lo que acontecía lo hacía dentro del Espacio-Tiempo.

Y de repente, con un chirrido infernal que desgarró en dos la existencia, aquella aguja, luchando contra incontables segundos de inercia, se movió pesadamente.

Hacia atrás.

La cuenta atrás había comenzado.


miércoles, 26 de agosto de 2009

Todas las mañanas del mundo...



Todas las mañanas del mundo, con sus amaneceres de esperanza y renovación, no bastarían para borrar tu recuerdo si no estuvieras junto a mí.

Todas las mañanas de lo que queda por vivir serían grises, sin brillo ni relieve; serían como una explosión de color para un ciego, como el ruido de un trueno para un sordo, como una tabla de salvación para aquel que ya ha decidido ahogarse en el mar de la desesperanza.

Todas las mañanas del futuro no podrían traer de vuelta mi alma, prisionera entonces de la tristeza y el dolor.

Todas las mañanas de risas y sol entrando por la ventana quedarían olvidadas para siempre en el fondo del baúl de un pasado irrepetible, de un baúl con candados eternos, con llaves jamás fabricadas.

Sin tí, todas las mañanas del mundo no serían suficientes para resucitar mi maltrecho corazón.

Sin tí, todas las mañanas del mundo serían el continuo principio del ocaso.




domingo, 9 de agosto de 2009

Última respuesta

"¿Quieres morir?"
La frase retumbó en su cabeza con el eco de mil cañones disparados al unísono. Aquella oscura y escalofriante figura de sombría estampa y tenebrosa voz se le acercó tanto que pudo percibir su aliento fétido y maloliente, apestando a millones de almas podridas. "Los sueños no huelen", pensó. Y entonces comenzó a temblar ante la certeza de que el sueño era realidad, de que la pregunta no era retórica, de que la guadaña no era un símbolo orínico...y decidió que no, que no quería morir y lo gritó tan vehementemente que por un instante el universo pareció congelarse en un eterno y decisivo segundo...
Pero la figura rió, y descongeló el tiempo...
Demasiado tarde...

miércoles, 22 de julio de 2009

Un mundo de luz

El sol se apagó, y nadie estaba preparado para la oscuridad. En ese planeta cuya traslación y rotación tenían el mismo periodo, la dualidad noche-día había adquirido su más eterno sentido. Una cara oculta en las tinieblas, fría, rocosa y árida. La otra siempre a la luz, cálida y colorida, fértil y viva. Toda su existencia se basaba en la presencia constante de su adorado astro, jamás se adentraban en la profundidad del lado oculto. Contaba la leyenda que cada eón la oscuridad se cernía totalmente sobre el planeta y la civilización existente naufragaba en la barbarie ante el terror a lo desconocido; la locura se apoderaba de aquellos seres que desconocían por completo la sensación de la negrura infinita. Esta vez pensaban que sería distinto, que habían simulado la oscuridad absoluta en recintos cerrados, que habían preparado psicológicamente a la población.
Pero cuando el sol se apagó pudieron ver, por primera vez en su vida, que el cielo estaba salpicado de millones de puntos luminosos.
Y sintieron un inmenso miedo al sentir que no estaban solos...

viernes, 10 de julio de 2009

El libro

Sólo tenía una certeza: la culpa la había tenido aquél libro, mohoso y polvoriento de tapas raídas y páginas amarillentas, guardado en un olvidado cajón del desván donde jamás subía nadie. Escondido en un océano de misterios, en un desierto de preguntas no formuladas y respuestas que mejor fueran desconocidas, el libro fue el principio del fin. Te atrapa sin remedio, te absorbe, intentas alejarte de él pero una vez abierto no hay condición humana que resista la tentación. Sabes que es mejor guardarlo de nuevo bajo siete llaves y arrojarlo a un lago profundo para acallar sus voces, para volver a dominar el tiempo y cabalgar sobre tu presente y no arrastrado por tu futuro.
No debí abrir ese libro. El libro donde venía escrito mi destino...

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