jueves, 14 de mayo de 2009

Seis añitos

Mañana cumples seis añitos.
Aún recuerdo aquella fría mañana de principios de enero del año 2004, cuando fuimos David y yo al Refugio de animales. Aún recuerdo cuando te ví, agazapado en una esquina inaccesible, temblando, mirando con desconfianza mientras tus congéneres brincaban y corrían a nuestro alrededor, deseando participar en juegos a los que tú ya habías renunciado con tan sólo ocho meses de vida. Mirabas la algarabía de lejos con melancólica tristeza, asumiendo ya desde temprana edad que tu destino te había golpeado y abandonado demasiado pronto, que habías conocido el lado oscuro del género humano cuando tan solo empezabas a descubrir el mundo.
Fue como si el resto del mundo se parara, como si mi corazón se encogiera de dolor al ver un rostro tan joven y tan triste a la vez. Diez segundos eternos se congelaron en mi memoria para siempre, tu mirada y la mía, cruzándose en medio de una jauría perruna y una polvareda invisible para nosotros dos. Esquivaste la mirada, tímido, queriendo pasar desapercibido para no volver al infierno de las palizas y la incomprensión.
Te tuvieron que traer en brazos hasta mí para conocerte, temblando de miedo. Me avergoncé de la raza humana, y hubiera querido que la justicia en la vida fuera un simple ojo por ojo, donde aquellos que te hicieron sufrir sintieran en sus carnes eternamente todo el dolor que te habían "regalado".
Y luego, en mi interior, decidí darles las gracias, porque quizás gracias a esos ocho meses de mal vivir ahora yo podía regalarte una vida entera de cariño y dedicación.
Las primeras semanas fueron difíciles. Tu mirada quería mostrar agradecimiento pero no sabías si detrás de mis caricias tarde o temprano se escondería una paliza. Esta foto es muy especial para mí, porque por fin conseguí que jugaras con aquella roída pelota de tenis. Por fin te veía alejarte de la sombra de la tristeza y disfrutar de algo tan simple como correr tras una pelota que luego me traías con satisfacción y entusiasmo.
Desde entonces han pasado más de cinco años. Te has mudado conmigo allá donde el trabajo me ha llamado, pasando de tu patio a la estrechez de un piso de alquiler sin rechistar, para luego volver a casa de nuevo y ampliar la familia con hermanos gatunos, otro hermano perruno, y una mamá humana que no hizo sino multiplicar el cariño que recibías.
Hoy te llevo al veterinario porque tienes una enfermedad en los ojos que seguramente tenga fácil solución. Pero ver esa fina capa gris en ellos mientras seguías mirándome con devoción ha vuelto a encogerme el corazón como en aquella fría mañana de enero en el que esos diez segundos nos pertenecieron. Hoy he sentido agradecimiento, amor, cariño y devoción en una mirada perdida, aún a pesar de los picores y molestias que debes estar sufriendo.
Soy yo el que te da las gracias a tí, mi querido amigo. Por acompañarme estos cinco años y lo que nos quede juntos, por confiar en mí, por abrir mi mente intentando averiguar de que forma ves tú el mundo, intentando saber qué mecanismo genético te hace disfrutar de esa fidelidad y bondad que tan bien haría al género humano. Gracias por regalarme tu tiempo y tu vida, porque me ha ayudado a ser mejor persona.
Muchos no entenderán este amor por un animal. No es sólo amor. Es admiración y fascinación, porque nosotros, los humanos, que tanto nos vanagloriamos de ser la raza superior, aún tenemos mucho que aprender de ellos. En su simpleza encontraríamos muchas claves para mejorar nuestra complejidad

martes, 12 de mayo de 2009

Eterna partida

V. alzó la mirada hacia M., que sonreía de satisfacción
-Es jaque mate- observó apesadumbrado V.
-Lo sé, -respondió M. de forma jactosa- pero me gusta ver como te esfuerzas en buscar una salida.
V., resignado, volcó su marfileño Rey Blanco sobre el tablero de cuadros nácar y azabache, mientras un sonido hueco acompañaba al movimiento en su agónico final.
- No sé cómo no te cansas de perder siempre- se regocijó M.
-Tu objetivo es ganar-replicó V.- El mío simplemente es jugar, porque entre el inicio y el final, las piezas se divierten.
M. observó a V. entre incrédulo y extrañado. Le costaba entender esa filosofía.
Iniciaron una nueva partida. Muerte siempre acababa, pero Vida siempre empezaba de nuevo.


domingo, 10 de mayo de 2009

Camino

Ayer vímos "Camino".
No entraré a debatir la existencia de Dios, lo dejaré para una tórrida tarde de verano con las neuronas reblandecidas y la garganta seca. Pero me gustaría saber más sobre nuestra existencia. La humana, claro, que es la que sabemos que existe seguro.
¿Ha creado el hombre a Dios para no estar sólo? ¿Es fruto ineludible de nuestra evolución, una necesidad imperiosa de buscar algo más evolucionado porque creemos que ya nosotros somos el culmen de la evolución? ¿Necesita el hombre a Dios?
Para algunas personas este pensamiento es ya de por sí una blasfemia, una herejía y en otros tiempos ya debería estar oliendo a chamusquina bajo mis pies y rezar por mi alma. Para alguien que dice "Recemos a Dios por la enfermedad de nuestra hija, porque de esta forma se acerca a Él", mientras su hija agoniza postrada en un lecho de dolor, evidentemente, el hombre necesita a Dios.
Yo sólo digo que si Dios existe, espero que no necesite a personas como ésta, porque si es así, no quiero pertenecer a su lista de "elegidos".
También digo que si Dios existe, no sea como lo pintan aquí la mayoría porque me sentiría muy muy decepcionado.
Es más fácil rezar y encomendarse a lo desconocido que asumir nuestra existencia efímera y luchar por hacerla lo más intensa posible.
Es más fácil apelar a una justicia divina que vivir decidiendo continuamente y equivocarnos a veces.
Es más fácil ponerse unas estrictas normas sin sentido en la vida y cumplirlas, que correr a campo abierto, es más fácil que nos marquemos un camino aunque estrecho, que perdernos en la inmensidad del bosque.
No contéis conmigo. No me gustan las estrecheces, no me gustan los caminos señalados sin saber el porqué, no me gusta agradecer mis victorias o encomendar mis errores sobre un ente superior para que todo lo arregle.
No contéis conmigo para engordar vuestra mentira

miércoles, 6 de mayo de 2009

El Relato Viajero. Capítulo 3.

A propuesta de la siempre inquieta Angie, nos hemos lanzado a escribir este blogorelato. Los Capítulos anteriores a éste son:

-Capítulo 1.Escrito por Angie

-Capítulo 2. Escrito por El Titanic tambié se hundió.

Ante todo darle las gracias a Angie por la iniciativa y por permitir que destroce su historia jajaja. En fin, espero que os guste aunque ya os adelanto que quizás el giro es algo inesperado...puede que no a todo el mundo le guste, ¡ se aceptan críticas!

CAPÍTULO 3


Se sintió algo desubicada subiendo por aquella oxidada escalera metálica con sus zapatos de tacón y su vestido largo. No era lo que esperaba, y sonrió hacia adentro, acordándose de cuántas veces había añorado la sensación de lo imprevisto y el sabor de lo impredecible.
La planta superior era diáfana. La ausencia de ventanas y el techo cercano le conferían un aspecto asfixiante tan sólo aliviado por la presencia de una puerta al final de la estancia y la pobre iluminación de una bombilla desnuda que limitaba su brillo a un reducido perímetro bajo ella.
En ese perímetro, en ese pequeño reducto de claridad en medio de la oscuridad reinante, bañado tenuemente por la luz mortecina, estaba Erik.
-¿Erik?- preguntó Elsa mientras se sentía terriblemente tonta con su vestido de gala y su maquillaje superfluo que contrastaban con la vestimenta informal de él.
-Hola Elsa- su voz sonó grave y preocupada- Siento traerte a un sitio tan lúgubre, pero era necesario.
-¿Necesario? ¿Por qué? ¿Qué ocurre?- El castillo de naipes que conformaba sus ilusiones se tambaleaba peligrosamente mecido por una huracanada sensación de vértigo.
-Tranquila, he de contarte algo. Y ha de ser rápido, pero necesito que confíes en mí y que me escuches hasta el final. He de advertirte que una vez lo escuches no podrás echarte atrás. El conocimiento de lo que voy a decirte te pondrá en peligro a ti también, aunque en cierta forma ya lo estás. Si no quieres correr el riesgo, debes marcharte ahora mismo y no volveremos a vernos.
Se sintió mareada. Miles de preguntas se agolparon en su mente, enredadas entre sí y ávidas por salir de su boca muda sin conseguirlo. No podía marcharse ahora. Se propuso hace tiempo que podría arrepentirse de lo que hacía pero jamás lamentarse de lo que dejaba de hacer.
-Me quedo- intentó que su voz no sonara trémula y desconfiada pero no lo logró. El espacio que aún les separaba a ambos parecía un abismo insondable, una distancia fría e impersonal, lejos de la cálida cercanía de las pasadas semanas.
-Bien, pero primero, he de hacer una pequeña demostración para que veas que nada de lo que voy a contarte es posible dentro de tu lógica, necesito que tu mente se abra a nuevas posibilidades. No te asustes.
Y diciendo esto, Erik desapareció del círculo iluminado. Se esfumó. Y antes de poder abrir la boca con gesto de sorpresa, Erik apareció a su lado. No había pasado ni un segundo. Ni siquiera podía asegurar que no estuviera allí antes de desaparecer frente a ella. Todo había sucedido en el mismo eterno segundo. No conseguía articular palabra, sus grandes ojos negros estaban aún fijos en el cono de luz donde hacía un instante estaba la figura de Erik, y se resistía a volverse para mirarlo, ahora junto a ella, temerosa de despertar de esta aparente irrealidad.
-Elsa, no tengas miedo. Acabo de transgredir todas las leyes de un Observador Temporal al mostrarte esto y ahora saben donde estoy, tenemos que irnos de aquí.
-¿Un qué? ¿Irnos adonde? ¿Que ha sido eso…cómo…cómo te has movido tan rápido?
-Tranquila Elsa. Olvida las leyes físicas por un momento, al menos las leyes que conoces. No pertenezco a tu mundo. Es decir, sí pertenezco, pero no ahora, sino dentro de varios siglos. Soy un Observador Temporal. En el futuro, la Historia será una ciencia exacta, los viajes al pasado nos otorgaron la capacidad de observar con nuestros propios ojos la verdad de los hechos históricos para aprender de ellos. Lo que acabo de hacer no es más que una traslación atemporal entre dos puntos muy cercanos. Al fin y al cabo, la teletransportación, como vosotros lo llamáis, no es más que el viaje en el tiempo entre dos instantes muy cercanos. En realidad, estaba a tu lado una millonésima de segundo antes de desaparecer.
Elsa sentía que su mundo se desmoronaba, que todo se tornaba espesamente irreal, como aquellos sueños profundos de los que cuesta trabajo despertar. Viajes en el tiempo, teletransportación…¿qué tenía que ver todo esto con ella, siempre tan aferrada a la realidad, al mundo que le rodeaba?
-Pero…-logró articular las palabras sin que sonaran extrañas para ella misma- ¿por qué me cuentas esto? ¿Quién te persigue? ¿Eres un criminal o algo así? Perdona pero no puedo asimilar todo esto en un momento…
-Lo sé Elsa. Me persiguen los VT, Vigilantes Temporales. Ellos cuidan de que los Observadores no interfiramos en el curso de la historia. Eso implica no interferir prácticamente en nada. La secuencia temporal es una delicada hebra sujeta a la Teoría del Caos: una variación minúscula de cualquier variable puede desencadenar un fatal desenlace en el futuro. El hecho de que te haya contado esto podría causar que el mundo al que pertenezco ya no existiera y que haya sido sustituido por otra realidad alternativa. Generalmente los cambios son pequeños y se ahogan en el tiempo. Es como colocar un junco en un río; las aguas lo rodean y el flujo se desordena en una pequeña área, pero luego se va amoldando de nuevo al flujo general. Sin embargo pudiera ocurrir que hechos que nos parecen aislados, estuvieran conectados entre sí y provocaran una reacción en cadena de continuos cambios.
- ¿Vi…vigilantes temporales? ¿Y que van a hacernos? ¿Qué tengo que ver en todo esto?
-Los Vigilantes Temporales han de borrar el rastro para minimizar los cambios producidos. El rastro ahora sólo somos tú y yo. En cuanto a tu presencia aquí... he de decirte que mi aparición en tu vida no es casual… Vengo de observar la Historia dentro de un año. Te vi por casualidad, en un hospital. Habías entrado en un estado depresivo del que no podías salir. Perdona, hablo en pasado y en realidad es futuro, aunque mis cálculos me dicen que ya he borrado ese futuro. Ingerirás una dosis de pastillas que te llevará directamente a la UVI, de donde no saldrás. Rastreé tu pasado, averiguando las causas que te llevaron a ese estado, y entonces cometí mi segundo delito…
-¿Cuál?- preguntó nerviosa Elsa, mientras afuera se escuchaban el rechinar de unos neumáticos en una agónica frenada.
-¿Aún no lo sabes?- sonrió cautivadoramente Erik mientras la cogía de la mano para comenzar a correr hacia la puerta del fondo- Me he enamorado de una chica de un Tiempo que no me pertenece…"


El Capítulo 4 le corresponderá a Druida de Noche. Amigo mío, siento el marrón que te he dejado jajaja.

Un saludo a todos, espero que os haya gustado.
Actualizaciones del Relato:
Capítulo 4: Druida de Noche
Capítulo 5: Happy Eyes
Capítulo 6: Albino

martes, 5 de mayo de 2009

Quinta dimensión

Abrió los ojos. Y se sintió pesado y torpe.
Lentamente logró sentarse en la cama y observar alrededor. Su cuarto era igual que hacía quince minutos. Las pequeñas siestas veraniegas tras la comida te dejaban esa sensación, como si el calor de la tarde te hubiera aplastado contra el suelo en un asfixiante abrazo. El ventilador continuaba su eterno movimiento en semicírculo, regalando puñados de aire en pequeñas ráfagas discontinuas a la vez que rítmicas. El ambiente parecía enrarecido, espeso, diferente, hasta irreal. Lentamente avanzó hacia la puerta del cuarto; de fondo tan sólo se escuchaba la televisión en su monólogo constante, unos ronquidos en franca competencia con dicho monólogo y el discurrir del agua de un grifo.
Aún aturdido por la sensación de sopor, se asomó a la puerta de la cocina. Madre estaba fregando los platos. La saludó. Ni siquiera giró la cabeza, siguió enfrascada en su metódica tarea. Se encogió de hombros y se dirigió al salón. Padre dormitaba en el sofá, ajeno al parlotear del presentador y seguramente al universo entero. Su hermana, sentada frente al televisor, preparaba el mando a distancia para cortar de raíz la aburrida conversación unidireccional, en busca de otras quizás igual de aburridas. La llamó, pero no recibió respuesta. Empezaba a cabrearse, ¿Qué ocurría en esta familia? Insistió de nuevo. No hubo respuesta. Agitó los brazos frente a ella, pero era como si estuviera viendo a través de él.Enfadado, se dirigió a su cuarto de nuevo. En el pasillo se cruzó con su hermano, que ni tan siquiera la miró a los ojos. ¿También él?
Al cruzar la puerta del cuarto se frenó en seco. No podía ser.
En su cama, tumbado de lado, estaba él. Él mismo. Durmiendo. La lógica actuaba lentamente, atrapada por la sensación de irrealidad que le embargaba. Se acercó cuidadosamente, se observó. Era como mirarse en el espejo mientras duermes. Veía su propia respiración, pesada y cansina, su postura, su boca entreabierta…
Alargó el brazo hacia su propia cara, hacia aquella figura gemela. Justo cuando iba a tocarse, sintió una oleada de energía, un salir a la superficie cuando llevas tiempo buceando, y de un salto se incorporó en la cama con el corazón bombeando insistentemente. Miró a su alrededor y no vio nada, sólo su cuarto, tal y como estaba en ese extraño sueño.
Salió al pasillo, y miró a ambos lados: en el salón, su padre dormitaba en la misma postura que recordaba, su hermana seguía con el mando a distancia preparado, el mismo programa en la televisión. En la cocina, su madre terminaba de fregar.
Sólo se escuchaban los ronquidos, el grifo y el televisor…
La misma luz, las mismas posiciones…
Cerró los ojos. Y se sintió ligero y ágil.

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