domingo, 13 de diciembre de 2009

Noches de invierno

Casi todo el mundo habla maravillas de las noches de verano, de ese oscuro frescor que llega tras el caluroso día que quema la tierra y abrasa el aire. Pero a mi me gustan mucho las noches de invierno y aunque es en verano cuando nos asomamos a ver estrellas fugaces y planetas cercanos, a mi me parecen las estrellas mas brillantes en invierno, queriendo combatir al frío que nos asola. El frío me estimula y sin embargo el calor me aletarga. El ambiente me parece más puro, más respirable. La luna se protege de un halo de colores pálidos y nos advierte que esa noche helará; y a mí me encanta esa diminuta capa de hielo que se forma en los cristales de los coches y que he de derretir cada mañana. No se rinde el hielo, vuelve a intentarlo una y otra vez, persistente, tozudo y tenaz.
Es curioso. Hace años las noches de verano eran mis preferidas, quizás asociadas a las vacaciones que ahora se ven tan estrechadas que desde el principio se divisa el fin...Con el tiempo he cambiado en muchas cosas, quizás más de lo que yo creía.
Y una de ellas es que, ahora, me gustan las noches de invierno.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Concierto de Fito

El fin de semana pasado el Caos se fue de concierto. Un concierto con un telonero de excepción, porque La Cabra Mecánica hizo un barrido de lujo por sus letras de aspecto cómico bajo las que subyacen verdades como puños, unas verdades que suenan mejor si es con la voz desgarrada del "Lichis".
Fito ha sabido entender desde el principio que un concierto es algo más que un listado de canciones por cantar. Los juegos de luces, imágenes y efectos especiales, la complicidad con sus compañeros de escenario y la forma de arengar al público siempre entregado, son una muestra de que un concierto empieza por la base, que son las letras y acordes que a todos los que nos gusta su música nos entusiasman; pero jugar con la música, el ambiente, los colores, los instrumentos y las imágenes es lograr que la música te envuelva, te capture y te eleve hasta hacer creer que se encuentra dentro de tí. Correr por el escenario para llenar de espítiru un espacio tan grande con un cuerpo tan pequeño es algo que se le da muy bien. Y su público se lo agradecemos. Sabe que un artista no es nadie sin su público, muchos se quedan solos en la cumbre. Y por eso recuerda una y otra vez que él es un pequeño hombre de Bilbao para el que la música es su vida, y compartirla con los demás, es un regalo, no una obligación.
Ocho mil personas vibramos el sábado con un repertorio que no olvidaba a ninguno de sus discos, incluso tuvo tiempo de cantar alguna viaja canción de Platero y Tu y de cantar a dúo con Lichis, expresándole su admiración y respeto.
Y es que no es más grande aquel que mira a los demás por encima del hombro, sino el que hace a los demás sentirse grandes.
Grande, Fito.






martes, 1 de diciembre de 2009

El tsunami de la información

Titular de un periódico: "La mirada del asesino de una niña de tres años"
En ocasiones he hablado de la mareante velocidad a la que se mueve el mundo actual, la sociedad que nos rodea. Todo es inmediato y el presente ha visto reducido su imperio a una franja difícilmente mensurable.
El caso del chico de Tenerife vilipendiado y machacado por los medios de comunicación es un claro ejemplo de ello. Una cadena de errores de diversos colectivos ha llevado a prejuzgar atropelladamente a un joven inocente (porque todos somos inocentes mientras no se demuestre lo contrario, aunque últimamente me parece una frase hecha más que una realidad palpable) hasta hacer caer sobre él toda la rabia de la sociedad enfervorecida.
No es el primer caso ni será el último. Estamos ávidos de chivos expiatorios y necesitamos cargar sobre alguien el peso de la culpa de tener una sociedad que se nos escapa de las manos. Nos crispamos tanto al ver asesinatos, violaciones, maltratos que cuando tenemos una figura clara sobre la que arrojar nuestra ira nos lanzamos sobre ella con la furia contenida de todas las injusticias cuyo eco aún resuena en nuestro interior.
Un médico da la voz de alarma y se activa el proceso. En lo que dura un parpadeo este chico ha pasado a ser presa del deseo de la sociedad, del deseo de lapidarlo sin tan siquiera pensar en la presunción de inocencia. La gente de a pie tenemos nuestra parte de culpa, por creernos a pies juntillas lo que los medios de comunicación, cada vez más veloces en detrimento de la calidad de la información, nos enchufan por radio, televisión, prensa escrita e internet. Y es que hoy en día la competencia es feroz y no importa tanto el contenido de la noticia sino el titular, porque es el titular con lo que la gente se queda en este presente continuo que vivimos, y un titular más espectacular sustituirá a otro menos impactante.
Seguramente pocas personas de los que han salido enarbolando la bandera de la justicia saldrán a dar un paso adelante a reconocer su equivocación. El periodista echará la culpa a la policía, la policía al informe médico y el médico a los "indicios". Y ahora que la ola se ha convertido en tsunami, mucha gente negará que ha intentado subirse a la misma para hacerse notar. Cuando la ola ya es demasiado grande y va a romper de forma estrepitosa, todo el mundo se ha bajado de la cresta. Y se irán alejando lentamente del lugar del suceso, todos nos rasgaremos las vestiduras por haber juzgado prematuramente a este hombre y finalmente todo se olvidará.
Pero él no. No creo que él pueda olvidar lo fácil que es destrozarle la vida a una persona.
Mañana te puede pasar a tí.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Noche Eterna

Era una noche extraña, sin luna ni estrellas, una oscuridad infinita.
Frente a él una enorme puerta de gélido tacto y aspecto siniestro. No recordaba haber llegado hasta allí, todo parecía irreal, intangible, quizás tan sólo un sueño pesado del que no lograba despertar.
Con un quejido lastimero y agónico, la marmórea puerta se abrió y sintió cómo una poderosa fuerza le arrastraba al interior. No esperaba ese vacío, ese asfixiante nihilismo que lo sumergió en una última oleada de dolor.
No esperaba que en el Infierno llamearan lenguas de hielo que congelaran su alma en una eterna noche...

lunes, 16 de noviembre de 2009

La charca de los condenados




-Bésame!

Ella, presuntuosa y altanera, observó a aquel sapo fétido y escamoso. Le repugnaba aquella piel fría y viscosa moteada por pequeñas verrugas de color sospechoso. Aquellos ojos saltones parecían perdidos en un horizonte incierto lejos de aquella charca infecta. Pero al fin y al cabo, tenía que reconocer que la leyenda era cierta, y posiblemente tras aquel inmundo ser se ocultaba un apuesto príncipe con el que podría pasar el resto de sus días en un inmenso castillo rodeada de todos los placeres mundanos. Cerró los ojos y acercó sus labios a aquel batracio gordo y halitoso, esperando que el simple contacto le regalara una vida de ensueño.

De repente, su cuerpo convulsionó y perdió la noción del tiempo y del espacio. Al abrir los ojos, se encontró con aquel sapo, ahora de proporciones gigantescas, mirándola fijamente. Los mosquitos, otrora desagradables, le parecieron un plato exquisito al alcance de su lengua. Horrorizada, comprobó que sus pies eran ancas y su piel, antes suave y delicada, se había convertido en un manto verdoso y resbaladizo.

-Croac!

-No puedes hablar, al menos por ahora.

-Croac!

-Si, ya sé que soy un sapo y hablo. Pero llevo aquí decadas. Como a todas, sólo te han contado parte de la leyenda.

-Croac?

- El cuento siempre dice que aparecerá un principe apuesto y elegante de un simple beso. Pero lo cierto es que sólo un beso de corazón puro, desinteresado, activará la magia. En caso contrario la persona pasa a recibir el mismo castigo que yo sufro ahora. La ambición, el materialismo, la frivolidad y la hipocresía quedan atrapadas en este minúsculo y desagradable cuerpo. Eres consciente de ello, pero no puedes hablar ni transmitir tu pena de ninguna forma humana. Sólo cuando tu alma haya aprendido nuevos valores hasta entonces guardados en un rincón, podrás hablar. Y sólo entonces podrás ser besada por alguien de corazón puro. Pero créeme, no es fácil. Llevo aquí décadas, y el castigo no entiende del paso del tiempo. Tu alma inmortal queda condenada independientemente de lo que este mundo cruel gire alrededor del sol.

La princesa-rana se sumió en sus pensamientos, angustiada, aterrorizada ante su nueva realidad. Agudizó el oido y cayó en la cuenta de que miles de ranas croaban en aquella charca inmunda. Y supo que eran voces de tristeza y dolor. Todo le pareció un infierno indescriptible, repleto de los ecos de las almas clamando perdón.

Lloró por dentro. Ni siquiera podía llorar. Llorar era de humanos.



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