-Vaya, ¿como consigues cambiar de forma?
-No cambio de forma, es tu percepción, que te engaña
-¿ Y porque los demás no cambian de forma y tú si?
-Todos los demás son seres como tú, bidimensionales, y están sujetos a sus dos dimensiones. Yo por el contrario soy una esfera, soy tridimensional.
-¿Tridiqué? Tú eres un círculo, sólo que te agrandas y empequeñeces a voluntad...
-No. Simplemente atravieso tu mundo bidimensional. ¿Que ocurriría si cortaras un círculo por la mitad?
-¡Arggg! ¡¡Sería un asesinato!!
-Me refiero a que si una recta se tumbara sobre un círculo crearía dos segmentos circulares y si los separas podrías ver una línea en medio no?
-Es repugnante pero sí.
-A mí me ocurre igual pero con una dimensión extra. Lo que tu ves como un círculo es sólo una sección de mí.
-¿Me estás diciendo que nuestro mundo bidimensional es sólo la proyección de tu mundo?
-Algo así.
El pentágono reflexionó un momento. Le costaba imaginar el mundo que describía aquel extraño ser. Por más que pensaba, no lograba conceptualizar una "tercera dimensión". De repente, se le ocurrió algo...
-Pero...entonces...¿no podría ser que tu mundo fuera a su vez la sombra de otro de dimensión superior?
La esfera se quedó perpleja. Nunca se lo había planteado, daba por hecho que conocían a la perfección los misterios del universo, sus leyes, su origen... Y sin embargo...
Basado en el libro "Planilandia", de Edwin Abbott
martes, 20 de julio de 2010
miércoles, 14 de julio de 2010
La Leyenda de la Roja

Cuenta la Leyenda que hace muchos, muchos años había un pais que vibraba con el fútbol. Sus equipos eran considerados los mejores del planeta y todos los jugadores querían jugar en su Liga. Pero la Selección de este país siempre se precipitaba hacia el fracaso en las grandes citas Mundialistas. Generaciones enteras de este pais sufrían cíclicamente las decepciones o las injusticias, a partes iguales, y se lamentaba año tras año de que el dios del fútbol no les recompensara su pasión. Pero una vez sucedió que el dios del fútbol, harto de asistir a injusticias pasadas, a finales soporíferas y a criminales del balompié, surgió de las profundidades oceánicas en forma de pulpo para repartir justicia y resucitar al Fútbol, para demostrarle a todos que el deporte más bello del mundo se gana con el balón y no sin él, algo que los humanos comenzaban a olvidar.
Sucedió que el dios del fútbol rodeó con sus tentáculos mágicos a un grupo de pequeños hombrecillos de ese castigado país, los vistió de rojo y, capitaneados por un hombre taciturno con aspecto de maestro de escuela, les habló a todos y les pidió que trataran al balón como a su propia vida. Y partido tras partido, el dios del fútbol les puso trabas para probar su lealtad. Los equipos que se enfrentaban a estos virtuosos jugadores, se encerraban en su área y armados hasta los dientes defendían su portería olvidándose de que, en este juego, hay que marcar para ganar. Pero los aguerridos hombrecillos no perdieron su fe, y el Maestro Titiritero de frente despejada y bigote espeso movía sus hilos para sacar partido de la magia de sus jugadores.Y en la final soñada, en aquellos 90 minutos que se tornaron 120, el dios del fútbol los sometió a la más dura de las pruebas. Les castigó en forma de violencia naranja para probar su paciencia. Les mostró el dolor, les negó el gol durante 115 minutos para sumirlos en la desesperación e intentar que renegaran de su juego. Pero en el minuto 116, el dios del fútbol comprendió que este colectivo no renunciaría jamás a su juego, porque sería como renegar su esencia, como golpear su alma. Lo llevan dentro. El espíritu puro del fútbol estaba en ellos. No era necesario esperar más. El premio, cuando el camino ha sido duro y difícil, sabe mucho mejor. Y por eso, el dios del fútbol esperó hasta el final para premiar a estos jugadores, y cuando todo parecía abocado al azar de los penaltys, cuando de nuevo el país entero comenzaba a ver los fantasmas del pasado, un destello divino iluminó a uno de esos jugadores, y de un derechazo empujado por cuarenta y seis millones de almas, rompió en pedazos la red del miedo que les atrapaba y pasó a formar parte de la Historia.
Ésta es la Leyenda. La Leyenda de la Roja.
Hay muchas formas de ganar un Mundial. Pero sólo hay una forma de ganar el respeto del mundo del fútbol. Y es ganar como lo ha hecho La Roja. Con humildad, con paciencia, con calidad, con generosidad. Con el balón. Con ilusión.
Hay muchas formas de asumir que eres un héroe para tu país. Pero los Iniesta, Villa, Puyol, Casillas, Xavi, Ramos y todos los demás han sabido gestionar con humildad y fuerza colectiva lo que la sociedad les ha regalado. Ha ganado el grupo. Vicente ha sabido tratarlos con cariño, porque al fin y al cabo son chavales que juegan al fútbol. La única diferencia con los demás es que son los mejores del mundo.
Sucedió que el dios del fútbol rodeó con sus tentáculos mágicos a un grupo de pequeños hombrecillos de ese castigado país, los vistió de rojo y, capitaneados por un hombre taciturno con aspecto de maestro de escuela, les habló a todos y les pidió que trataran al balón como a su propia vida. Y partido tras partido, el dios del fútbol les puso trabas para probar su lealtad. Los equipos que se enfrentaban a estos virtuosos jugadores, se encerraban en su área y armados hasta los dientes defendían su portería olvidándose de que, en este juego, hay que marcar para ganar. Pero los aguerridos hombrecillos no perdieron su fe, y el Maestro Titiritero de frente despejada y bigote espeso movía sus hilos para sacar partido de la magia de sus jugadores.Y en la final soñada, en aquellos 90 minutos que se tornaron 120, el dios del fútbol los sometió a la más dura de las pruebas. Les castigó en forma de violencia naranja para probar su paciencia. Les mostró el dolor, les negó el gol durante 115 minutos para sumirlos en la desesperación e intentar que renegaran de su juego. Pero en el minuto 116, el dios del fútbol comprendió que este colectivo no renunciaría jamás a su juego, porque sería como renegar su esencia, como golpear su alma. Lo llevan dentro. El espíritu puro del fútbol estaba en ellos. No era necesario esperar más. El premio, cuando el camino ha sido duro y difícil, sabe mucho mejor. Y por eso, el dios del fútbol esperó hasta el final para premiar a estos jugadores, y cuando todo parecía abocado al azar de los penaltys, cuando de nuevo el país entero comenzaba a ver los fantasmas del pasado, un destello divino iluminó a uno de esos jugadores, y de un derechazo empujado por cuarenta y seis millones de almas, rompió en pedazos la red del miedo que les atrapaba y pasó a formar parte de la Historia.
Ésta es la Leyenda. La Leyenda de la Roja.
Hay muchas formas de ganar un Mundial. Pero sólo hay una forma de ganar el respeto del mundo del fútbol. Y es ganar como lo ha hecho La Roja. Con humildad, con paciencia, con calidad, con generosidad. Con el balón. Con ilusión.
Hay muchas formas de asumir que eres un héroe para tu país. Pero los Iniesta, Villa, Puyol, Casillas, Xavi, Ramos y todos los demás han sabido gestionar con humildad y fuerza colectiva lo que la sociedad les ha regalado. Ha ganado el grupo. Vicente ha sabido tratarlos con cariño, porque al fin y al cabo son chavales que juegan al fútbol. La única diferencia con los demás es que son los mejores del mundo.
viernes, 9 de julio de 2010
Reescribiendo la historia
En el mundial del 78 yo tenía unos meses de vida, así que no viví la etapa final de aquella Naranja Mecánica que asombraba al mundo pero que se quedaba a las puertas del cielo. El mundial del 82 es tan sólo una neblina en mi memoria de la que sólo vislumbro un muñequito gordo y anaranjado y su amiguito cuellilargo con un televisor en la panza. Mi primer recuerdo vívido de un partido de fútbol, de la trascendencia del mismo fue una final jugada por España. Era el año 1984 y sólo recuerdo a Gallego conduciendo el balón cuando ya perdíamos 1-0. Recuerdo un ambiente triste y derrotado. Creo que era el salón de mi casa, pero en realidad sólo recuerdo el césped verde, la camiseta roja y el amargo sabor de la derrota.
A partir de ahí recuerdo con intensidad todos los mundiales. El gol de Michel a Brasil anulado injustamente en México 86, el hat-trick de Butragueño en octavos y la injusta derrota en los penaltis de cuartos. La caída en octavos en Italia 90 ante Yugoslavia, partido que vi con mi abuelo Santiago, que se lamentaba y mascullaba que nunca vería a España llegar a una final de un Mundial. Luego llegaría la era de los atracos con el codazo a Luis Enrique en USA94, que viví en un autobús de excursión cuando estaba en Inglaterra y que nos condenaba de nuevo a apearnos en los cuartos de final. En Francia 98 ni siquiera nos merecimos pasar de la fase de grupos y una desastrosa selección nos dejó la peor clasificación de la historia. El linier de los cuartos de final en Corea 2002 nos volvió a mandar a casa de forma injusta y descarada y los octavos fueron de nuevo nuestra meta en Alemania 2006.
Pero todo cambió en aquel mes de Julio de 2008. A partir de aquí se escribe la Historia para nosotros, los españoles futboleros, que durante décadas hemos vivido con el amargo sabor de la derrota y a veces con el resquemor de las injusticias. Y en muchas ocasiones tenemos miedo, porque tenemos grabado a fuego tantas y tantas penurias futbolísticas que nos parece que la historia se repite una y otra vez. Pero no. Eso era la prehistoria.
El otro día el dios del fútbol volvió a emerger de entre las profundidades oceánicas que rodean a Sudáfrica y tocó de nuevo con su varita a la Roja. El mago Del Bosque sorprendió en su alineación y colocó a Pedrito para reforzar el medio del campo. Y no solo lo reforzó, lo avivó como hacen las ascuas al soplarlas, lo expandió rodeando a los alemanes, lo ensanchó hasta perder la vista en el horizonte...Pedrito volvió loco a los ordenados alemanes, que no sabían de donde salía este pequeño y escurridizo jugador que se cambiaba con Iniesta, regateaba como Villa, pasaba como Xavi y defendía como Ramos. Villa se movía como ratón entre águilas, Xavi se vistió de maestro de ceremonias y Busquets y Xabi, en la sombra, recogían balones, tapaban huecos y desempeñaban ese papel del fútbol pocas veces agradecido y siempre tan fundamental. Ramos y Capdevila apoyaban en las bandas, Puyol y Piqué se guardaron la llave del área y Casillas sólo apareció para decir que, si algo ocurría, ahí estaba él. El fútbol nos quiere, Jabulani nos ama porque le tratamos bien y hasta el pulpo Paul, en contacto directo con el dios del fútbol, sabía que ni la fuerza de la historia negra de nuestra selección puede esta vez tumbar a un equipo liderado por la humildad, conducido por la maestría y dirigido por la ilusión.
Si abuelito. Si que vas a ver a España en una final de un Mundial. Quien te lo iba a decir hace 20 años, en aquel Yugoslavia España que tanto te hacía perjurar.Quien te iba a decir que ibas a ver algo que jamás has visto en tus más de 80 años de vida. Una final de la Copa del Mundo y una de las banderas es la de España. No ha llegado con suerte, abuelito. Ha llegado enamorando a propios y extraños, africanos o europeos, madridistas o culés. Porque yo soy madridista y me declaro ferviente admirador de Iniesta, de Xavi, o de Puyol. Y no por el mundial que están haciendo sino por la humilde forma de llevar la grandeza futbolística y personal que llevan dentro. Y me alegro por Del Bosque, ese entrenador taciturno con aspecto de maestro de escuela al que un señor presidente echó tras ganar la Champions simplemente porque no era un entrenador mediático. Sentí vergüenza ese día. Pero la vida tiene sus pequeñas venganzas y espero ver a este entrenador manteado por sus jugadores el domingo. A lo mejor no es mediático. Pero es el mejor.
A partir de ahí recuerdo con intensidad todos los mundiales. El gol de Michel a Brasil anulado injustamente en México 86, el hat-trick de Butragueño en octavos y la injusta derrota en los penaltis de cuartos. La caída en octavos en Italia 90 ante Yugoslavia, partido que vi con mi abuelo Santiago, que se lamentaba y mascullaba que nunca vería a España llegar a una final de un Mundial. Luego llegaría la era de los atracos con el codazo a Luis Enrique en USA94, que viví en un autobús de excursión cuando estaba en Inglaterra y que nos condenaba de nuevo a apearnos en los cuartos de final. En Francia 98 ni siquiera nos merecimos pasar de la fase de grupos y una desastrosa selección nos dejó la peor clasificación de la historia. El linier de los cuartos de final en Corea 2002 nos volvió a mandar a casa de forma injusta y descarada y los octavos fueron de nuevo nuestra meta en Alemania 2006.
Pero todo cambió en aquel mes de Julio de 2008. A partir de aquí se escribe la Historia para nosotros, los españoles futboleros, que durante décadas hemos vivido con el amargo sabor de la derrota y a veces con el resquemor de las injusticias. Y en muchas ocasiones tenemos miedo, porque tenemos grabado a fuego tantas y tantas penurias futbolísticas que nos parece que la historia se repite una y otra vez. Pero no. Eso era la prehistoria.
El otro día el dios del fútbol volvió a emerger de entre las profundidades oceánicas que rodean a Sudáfrica y tocó de nuevo con su varita a la Roja. El mago Del Bosque sorprendió en su alineación y colocó a Pedrito para reforzar el medio del campo. Y no solo lo reforzó, lo avivó como hacen las ascuas al soplarlas, lo expandió rodeando a los alemanes, lo ensanchó hasta perder la vista en el horizonte...Pedrito volvió loco a los ordenados alemanes, que no sabían de donde salía este pequeño y escurridizo jugador que se cambiaba con Iniesta, regateaba como Villa, pasaba como Xavi y defendía como Ramos. Villa se movía como ratón entre águilas, Xavi se vistió de maestro de ceremonias y Busquets y Xabi, en la sombra, recogían balones, tapaban huecos y desempeñaban ese papel del fútbol pocas veces agradecido y siempre tan fundamental. Ramos y Capdevila apoyaban en las bandas, Puyol y Piqué se guardaron la llave del área y Casillas sólo apareció para decir que, si algo ocurría, ahí estaba él. El fútbol nos quiere, Jabulani nos ama porque le tratamos bien y hasta el pulpo Paul, en contacto directo con el dios del fútbol, sabía que ni la fuerza de la historia negra de nuestra selección puede esta vez tumbar a un equipo liderado por la humildad, conducido por la maestría y dirigido por la ilusión.
Si abuelito. Si que vas a ver a España en una final de un Mundial. Quien te lo iba a decir hace 20 años, en aquel Yugoslavia España que tanto te hacía perjurar.Quien te iba a decir que ibas a ver algo que jamás has visto en tus más de 80 años de vida. Una final de la Copa del Mundo y una de las banderas es la de España. No ha llegado con suerte, abuelito. Ha llegado enamorando a propios y extraños, africanos o europeos, madridistas o culés. Porque yo soy madridista y me declaro ferviente admirador de Iniesta, de Xavi, o de Puyol. Y no por el mundial que están haciendo sino por la humilde forma de llevar la grandeza futbolística y personal que llevan dentro. Y me alegro por Del Bosque, ese entrenador taciturno con aspecto de maestro de escuela al que un señor presidente echó tras ganar la Champions simplemente porque no era un entrenador mediático. Sentí vergüenza ese día. Pero la vida tiene sus pequeñas venganzas y espero ver a este entrenador manteado por sus jugadores el domingo. A lo mejor no es mediático. Pero es el mejor.
El Domingo tenemos una cita todos a las 20:30. Vamos a empujar a este elenco de futbolistas hasta la gloria. Vamos a alzar todos la Copa con Casillas. Hemos llegado hasta aquí, hasta el partido más importante de la Historia para nosotros. Vamos a trazar una cruz en el calendario y esperemos que por fin, dentro de muchos muchos años podamos decir...Ah, 11 de Julio, hoy es el aniversario del primer Mundial de España, como jugaban esos cabrones!
Un abrazo a todos!
Un abrazo a todos!
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Retratos de hoy
martes, 15 de junio de 2010
BAFANA BAFANA

Hoy os contaré una pequeña Historia. Muy resumida para no aburrir a nadie.
Hace unos 60 años había un país que había sido colonizado y en el que el Partido en el poder instauró una serie de normas, de las cuales las principales eran:
Derecho al voto, reservado únicamente para los blancos,
Sólo los blancos podían viajar libremente por el país,
Era legal que un blanco ganara más que un negro por el mismo trabajo,
Los negros debían vivir en zonas alejadas de los blancos,
Los negros debían estudiar en escuelas separadas de los blancos, y su educación debía ser limitada.
Durante más de 40 años la opresión sobre la población negra provocó la indignación de gran parte del mundo. A principios de los 90 comenzó el desmantelamiento del Apartheid, que así se llamaba este movimiento racista y opresor, con la llegada al poder de un hombre que había permanecido 27 años encarcelado por su lucha contra la injusticia racial que vivían sus compatriotas. Este hombre, nacido en una humilde aldea de 300 habitantes, condenado a cadena perpetua y a trabajos forzados por enfrentarse al régimen del apartheid, se convirtió en una figura mundial y un símbolo universal de la lucha por la libertad, desde el silencio de su celda de tres metros cuadrados. Este hombre es Nelson Mandela.
La llegada al poder de Mandela hizo temblar a los blancos y clamar venganza a los negros. Todos pensaban que Mandela erradicaría de un plumazo todo símbolo relacionado con el apartheid. No fue así. Mandela dió una lección de humanidad y perdón, y navegó un barco zozobrante entre dos aguas que se odiaban hasta una cala pacífica y de oleaje moderado. Un ejemplo de ello es el Campeonato de Rugby de 1995.
El rugby era un símbolo de la opresión blanca. Los negros detestaban el rugby, los colores, el himno, pues todo le recordaban a un pasado infernal. Pero Mandela quiso utilizar el rugby para unir al pueblo. Habló con el capitán del equipo, le convenció para que todos los jugadores de la selección, blancos, aprendieran el himno zulú, un himno que los negros cantaban en sus manifestaciones contra los blancos.
Durante el Mundial de Rugby, los blancos celebraban sus victorias con alegría mientras que los negros sólo sentían indiferencia. Partido a partido, el pueblo se fue uniendo en la marea de emociones que sólo el deporte sabe unir. Los blancos cantaban el himno negro. Los jugadores aceptaron su compromiso con Mandela y se acercaron a la población negra.
En las semifinales, Sudáfrica derrotó a Francia en un agónico 19-15. El pueblo sudafricano empezaba a estar unido en una sola voz, en un solo sentimiento. En la otra semifinal, el rodillo neozelandés aplastaba a un tremendo equipo inglés. Una de las mejores selecciones de la historia, Nueva Zelanda, con Jonah Lomu, el mejor jugador de la historia del rugby a la cabeza, esperaba a los anfitriones en la final. No había posibilidad alguna para Sudáfrica. Ya era un premio haber llegado a la final.
El día de la final, Mandela bajó al campo antes del partido para saludar a sus jugadores. Con la camiseta de la selección, con el símbolo absoluto del apartheid, con el número del capitán a la espalda. Un silencio sepulcral ante tal contraste inundó el estadio. Hasta que 72.000 personas empezaron a corear al unísono "Nelson, Nelson". El 95% blancos. La libertad había triunfado sobre la opresión sin tener que recurrir a la venganza.
Los Springboks, como se conoce a la selección de rugby de sudáfrica, fueron llevados en volandas por un país enloquecido con ellos, fueron empujados por una sola voz, un solo clamor. El de la libertad. Consiguieron forzar la prórroga. A falta de 7 minutos, los Sprinboks perdían 9-12. Y como David a Goliat, en el último suspiro vencieron a la todopoderosa Nueva Zelanda por 15-12.
Mandela entregó la copa del Mundo al capitán de la selección. Mandela le agradeció lo que había hecho por el pais. El capitán Pienaar le contestó: "Eso no es nada comparado con lo que ha hecho usted por este país". Ese día blancos y negros festejaron juntos un único acontecimiento.
Por eso, excluyendo a la Roja, porque contra el corazón no se puede luchar, permitidme que cante los goles de los anfitriones. No creo que se repita la historia de este mundial, no creo ni siquiera que pasen de la fase previa, pero si así fuera, gritaré Bafana Bafana junto a ellos hasta que se enfrenten a nuestra Roja.
Por lo que la historia les ha hecho sufrir. Por la igualdad. Por la libertad
Por Nelson Mandela
¡¡¡¡¡BAFANA BAFANA!!!!!
Hace unos 60 años había un país que había sido colonizado y en el que el Partido en el poder instauró una serie de normas, de las cuales las principales eran:
Derecho al voto, reservado únicamente para los blancos,
Sólo los blancos podían viajar libremente por el país,
Era legal que un blanco ganara más que un negro por el mismo trabajo,
Los negros debían vivir en zonas alejadas de los blancos,
Los negros debían estudiar en escuelas separadas de los blancos, y su educación debía ser limitada.
Durante más de 40 años la opresión sobre la población negra provocó la indignación de gran parte del mundo. A principios de los 90 comenzó el desmantelamiento del Apartheid, que así se llamaba este movimiento racista y opresor, con la llegada al poder de un hombre que había permanecido 27 años encarcelado por su lucha contra la injusticia racial que vivían sus compatriotas. Este hombre, nacido en una humilde aldea de 300 habitantes, condenado a cadena perpetua y a trabajos forzados por enfrentarse al régimen del apartheid, se convirtió en una figura mundial y un símbolo universal de la lucha por la libertad, desde el silencio de su celda de tres metros cuadrados. Este hombre es Nelson Mandela.
La llegada al poder de Mandela hizo temblar a los blancos y clamar venganza a los negros. Todos pensaban que Mandela erradicaría de un plumazo todo símbolo relacionado con el apartheid. No fue así. Mandela dió una lección de humanidad y perdón, y navegó un barco zozobrante entre dos aguas que se odiaban hasta una cala pacífica y de oleaje moderado. Un ejemplo de ello es el Campeonato de Rugby de 1995.
El rugby era un símbolo de la opresión blanca. Los negros detestaban el rugby, los colores, el himno, pues todo le recordaban a un pasado infernal. Pero Mandela quiso utilizar el rugby para unir al pueblo. Habló con el capitán del equipo, le convenció para que todos los jugadores de la selección, blancos, aprendieran el himno zulú, un himno que los negros cantaban en sus manifestaciones contra los blancos.
Durante el Mundial de Rugby, los blancos celebraban sus victorias con alegría mientras que los negros sólo sentían indiferencia. Partido a partido, el pueblo se fue uniendo en la marea de emociones que sólo el deporte sabe unir. Los blancos cantaban el himno negro. Los jugadores aceptaron su compromiso con Mandela y se acercaron a la población negra.
En las semifinales, Sudáfrica derrotó a Francia en un agónico 19-15. El pueblo sudafricano empezaba a estar unido en una sola voz, en un solo sentimiento. En la otra semifinal, el rodillo neozelandés aplastaba a un tremendo equipo inglés. Una de las mejores selecciones de la historia, Nueva Zelanda, con Jonah Lomu, el mejor jugador de la historia del rugby a la cabeza, esperaba a los anfitriones en la final. No había posibilidad alguna para Sudáfrica. Ya era un premio haber llegado a la final.
El día de la final, Mandela bajó al campo antes del partido para saludar a sus jugadores. Con la camiseta de la selección, con el símbolo absoluto del apartheid, con el número del capitán a la espalda. Un silencio sepulcral ante tal contraste inundó el estadio. Hasta que 72.000 personas empezaron a corear al unísono "Nelson, Nelson". El 95% blancos. La libertad había triunfado sobre la opresión sin tener que recurrir a la venganza.
Los Springboks, como se conoce a la selección de rugby de sudáfrica, fueron llevados en volandas por un país enloquecido con ellos, fueron empujados por una sola voz, un solo clamor. El de la libertad. Consiguieron forzar la prórroga. A falta de 7 minutos, los Sprinboks perdían 9-12. Y como David a Goliat, en el último suspiro vencieron a la todopoderosa Nueva Zelanda por 15-12.
Mandela entregó la copa del Mundo al capitán de la selección. Mandela le agradeció lo que había hecho por el pais. El capitán Pienaar le contestó: "Eso no es nada comparado con lo que ha hecho usted por este país". Ese día blancos y negros festejaron juntos un único acontecimiento.
Por eso, excluyendo a la Roja, porque contra el corazón no se puede luchar, permitidme que cante los goles de los anfitriones. No creo que se repita la historia de este mundial, no creo ni siquiera que pasen de la fase previa, pero si así fuera, gritaré Bafana Bafana junto a ellos hasta que se enfrenten a nuestra Roja.
Por lo que la historia les ha hecho sufrir. Por la igualdad. Por la libertad
Por Nelson Mandela
¡¡¡¡¡BAFANA BAFANA!!!!!
sábado, 12 de junio de 2010
Entre Sombras

Papá llora mucho. Todas las noches cuando me voy a dormir, lo oigo llorar en el cuarto de al lado. Me abraza muchas veces durante el día y cuando antes de dormir le pregunto cuándo va a venir mamá siempre me dice: “Mamá se ha ido al cielo hija mía, me dijo antes de irse que te quiere mucho y que estará siempre a tu lado”. Y después me acuesta, me arropa, me da un beso y sale de la habitación para que no le vea llorar.
Me asomo a la puerta de su cuarto y no sé si acercarme a darle un beso y decirle que no llore más, que mamá no se ha ido al cielo, que está aquí con nosotros, junto a él. Pero tengo miedo.
Mamá me llama, pero tiene una voz rara. Suena lejos, muy lejos. Sonríe pero está triste. Sus ojos están tristes, apagados. No sé porqué papá no la abraza, está a su lado, pero no parece verla…
Me asomo a la puerta de su cuarto y no sé si acercarme a darle un beso y decirle que no llore más, que mamá no se ha ido al cielo, que está aquí con nosotros, junto a él. Pero tengo miedo.
Mamá me llama, pero tiene una voz rara. Suena lejos, muy lejos. Sonríe pero está triste. Sus ojos están tristes, apagados. No sé porqué papá no la abraza, está a su lado, pero no parece verla…
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