Los últimos meses del 2010 han supuesto una vorágine de perspectivas de cambio en la Torre del Caos. Cuando más sucesos acontecen y más tengo para escribir, menos tiempo tengo de hacerlo. Es una ecuación odiosa, pero no por ello menos cierta.
Si leéis la introducción al blog, a la izquierda, comprenderéis la filosofía que intento instaurar en mi vida; lo caótico, lo desordenado, lo impredecible, no es sinónimo de malo. En el cambio está la oportunidad, la evolución, el salto cualitativo. No siempre es así, y a veces los cambios son a peor. Por eso hay que lucharlos, no hay que dejarse vencer por la desidia o el pesimismo.
La crisis de la que tanto se habla en los últimos años y que amenaza con instalarse para siempre en nuestro día a día ha comenzado a afectar también a la obra civil, y por ello, la Torre ha de ajustarse a los tiempos venideros...
Y ahora tengo que dejar mi tierra, la de la bandera blanca y verde, la de los pueblos encalados, agricultores incansables, y pescadores curtidos. Nací entre olivos, me crié a la orilla del Mediterráneo y me formé bajo la atenta mirada del Veleta. Mi vida ha transcurrido entre Sierra Morena y el Mediterráneo, con sabor a gazpacho y a pipirrana, a sardinas y abadejo, a migas con chorizo y plato alpujarreño. Mi vida huele al alpechín de las fábricas de aceite, al viento salado de la costa, a naranjas del valle del Guadalquivir y al embrujo del Sacromonte. Mi vida es del color de la tierra jienense que me vio nacer, del azul de las playas de Estepona que me vio crecer de niño a adolescente, y del blanco de Sierra Nevada que me vio pasar de adolescente a adulto.
Y en cada rincón de Andalucía guardo recuerdos: de las playas de Huelva, de los carnavales de Cadiz y de sus pueblos blancos, del sol revitalizante de mi Málaga querida, del olor a azahar bajo la giralda de Sevilla, de la amable gente de la campiña de Córdoba, del calor de la familia de Jaén, de las negras arenas de la costa de Almería y del sabor de la Alhambra en las noches de verano.
Por eso, romper con mi historia no va a ser fácil. Dejar atrás más de treinta años de mi Andalucía no es un paso fácil. Pero es necesario.
Que nadie entienda esto como un estado de nostalgia y melancolía que me impedirá avanzar hacia el futuro. Afronto con ilusión una nueva etapa sabiendo que nunca abandono mi tierra porque ella vive dentro de mí y a la vez dejándome llevar por nuevos sabores y sensaciones.
Siempre me gustó Madrid.
Ahora toca escribir sobre tí...