martes, 10 de mayo de 2011

Saltamontes

Parece insignificante, de movimiento errático e impreciso, frágil y toscamente articulado. Pero desde nuestra visión antropocéntrica de las cosas, perdemos de vista el concepto relativista de las medidas. No nos asombra que un ser cientos de veces más pequeño que nosotros pueda saltar incluso por encima nuestra, no nos preguntamos qué clase de mecanismo impulsa con tal energía. No nos asombra el uso que hace de ese par de antenas aparentemente estéticas, ni su color de camuflaje...
La naturaleza nos parece simple, caprichosa a veces en nuestra percepción superficial de lo que nos rodea. No nos agachamos a examinarla, a estudiarla, a plantearnos el porqué es así y no de otra manera. Vivimos en una continua carrera que se acelera sin cesar y en la que cada vez hay menos tiempo para mirar a los lados del camino.
Y nos perdemos lo maravilloso de lo simple, la complejidad de lo aparentemente sencillo. Reduzcamos el microscopio, o agrandemos el telescopio y salgamos de nuestra propia órbita. Sacudámonos la inercia pretenciosa de medirlo todo en base a nosotros.
"El hombre es la medida de todas las cosas...", dijo Protágoras...
"Lamentablemente", digo yo...




jueves, 7 de abril de 2011

Lazos de acero I.











Escuchar a Loquillo y los Trogloditas es para mí sinónimo de recordar viejos tiempos con nostalgia y alegría. Nostalgia de aquellos años de adolescencia y juventud con pocas preocupaciones y muchas ilusiones. Alegría al recordar que tuve una suerte enorme de encontrarme con una serie de personas que acabaron marcando mi vida para siempre y a los que le debo parte de lo que soy actualmente. Han aumentado las preocupaciones con los años. Pero no me ha mermado la ilusión, quizás porque supe distribuirla y compartirla con amigos de aquellos que jamás abandonan tu camino.

Quiero comenzar una serie de capítulos hablando de mis amigos de la infancia, que fueron los de la adolescencia, los de la juventud, y siguen siendo pasada la treintena. Más de un cuarto de siglo contemplan nuestras andanzas.


Escuchar a Loquillo es ver a mi amigo Francis. El no es feo ni excesivamente formal, pero si bastante fuerte. Describir a Francis es hacerle perder personalidad; es de aquellas personas que hay que conocer para poder comprender su capacidad de atraer a la gente. Quizás con la primera impresión parezca algo tímido y de pocas palabras, impresión se borra en cuanto le rodea un grupo con el que se siente agusto, porque irremediablemente se vuelve el centro de la reunión. No porque lo pretenda, ni le guste acapararla. Es algo natural, innato. Hay personas que buscan ser el centro de atención. Otras simplemente lo son por naturaleza, por afinidad con el entorno, por su forma de hablar, de explicar, de convencer, de mirarte o de hacerte sentir. Si tuviera que elegir una palabra creo que eligiría despreocupación. Con Francis siento despreocupación de los problemas diarios, se me tornan superfluos e insignificantes.


Yo llegué a Estepona con casi siete años, llorando por haber dejado atrás a mis amigos y a todo lo que conocía hasta entonces.Si hubiera podido ver la película de lo que sería mi vida en el futuro, hubiera comprendido que el irme a vivir a ese pueblo de la costa malagueña fue un guiño del destino. Yo no sería Yandros si no hubiera vivido tantos años allí. Yo no sería Yandros si mis amigos no hubieran irrumpido en mi camino.Yo no sería Yandros si no hubiera tenido los maestros que he tenido, los padres que la vida me ha regalado, la familia que me ha querido, la Señora del Caos que he conquistado...

Y yo no sería Yandros si no hubiera conocido a Francis.

Siempre he sabido que puedo contar con él, como dice la canción. La sabía antes de terminar la EGB despues de siete años en la misma clase, antes de terminar el Bachillerato, de los viernes de futbolines, de las risas en las clases de inglés de la Casa de la Cultura, antes del viaje a Hernan-Valle, antes de la Sauceda, de las tardes de canciones de Sol Negro donde el ponía música a mis letras a ritmo de guitarra, antes de irme fuera de Estepona a estudiar. Lo he sabido siempre que vuelvo a encontrarme con él, en las barbacoas que celebramos en su casa y siempre que volvemos a recordar, una y otra vez, anécdotas de mas de un cuarto de siglo de historia, para desesperación de nuestras sufridas esposas que han de escuchar la misma retahíla una y otra vez cuando nos juntamos los amigos.



Pero una historia contada por Francis, una, dos, tres y cuatrocientas cincuenta y siete veces, nunca es la misma historia. Siempre hay algún gesto, alguna palabra, algún recuerdo adicional que todos esperamos. Y nunca defrauda. Ni contando historias ni como amigo.





miércoles, 9 de marzo de 2011

Me abro paso...

Me abro paso.
Ahogado y castigado por el Reloj que tanto he intentado combatir en mis escritos, con mi mente confusa y luchando por asentarse en una nueva realidad, tratando de organizar el presente para apuntalar el futuro...lentamente me abro paso. Escribo sin ninguna idea en concreto, porque los acontecimientos de los últimos meses surcan mi memoria a un ritmo que no logro atrapar. No consigo idear cuentos acerca del tiempo porque éste me arrincona y se ríe de mí. Sé aguantar, mi maldito archienemigo. Aún tengo fuerzas, aún tengo ilusión, aún tengo esperanza.
Nuevas cortinas de humo para nuestra sociedad idiotizada. Debates sin sentido acerca de los fumadores y no fumadores, de la nueva limitación de velocidad o de las jubilaciones a los 67. Divide y vencerás. Divide a la sociedad, masácrala con debates absurdos e insustanciales, deja que se pelee el vulgo mientras los senadores romanos contemplan la batalla, impertérritos, entre funcionarios y trabajadores por cuenta ajena, entre fumadores y no fumadores, entre jóvenes y ancianos...Mientras se pelean no os miran a la cara y descubren vuestra incompetencia para cumplir lo imposible. Seguid lanzando migajas al aire para que nos arrastremos por el suelo para recogerlas y así no veremos el cielo sombrío, negruzco, amenazante...
Reto a un político a que diga lo siguiente: Que no promete sacar a nuestra sociedad de la crisis porque esta crisis es necesaria debido a su incompetencia de miras de futuro, y que para salir de ella (y no en forma de solución provisional) se necesitarán décadas de cambio en nuestro modelo productivo...Que no se arreglará en la próxima legislatura ni en la siguiente, que será un proceso lento y doloroso...
Ninguno lo dirá porque ninguno quiere ser pájaro de mal agüero y perder votantes. Es lo único que les interesa. Seguir engordando a costa de la plebe...
Saludos, compañeros. Poco a poco, pero la Torre vuelve a abrirse paso.

lunes, 31 de enero de 2011

Ya no quiero ser superhéroe

De pequeño quería ser como Supermán. Todos los niños queríamos ser como Superman, que volaba, tenía superfuerza, supervisión, atravesaba paredes y le rebotaban las balas. Era el superhéroe de la infancia porque sus poderes son perfectos a los ojos de un niño; puedes hacer lo que quieras sin que nadie pueda impedírtelo.
Ya de adolescente comienzas a barajar otras posibilidades. El hombre invisible comienza a ser interesante, pues puedes enterarte de todo sin ser visto, y saber lo que realmente piensan los demás de ti, algo que valoramos mucho en esa etapa tan cambiante e insegura de nuestra vida. Conforme maduramos abrimos la mente hacia otras posibilidades más complejas como la telequinesia (claro indicio de que nos hacemos perezosos), la telepatía (una forma avanzada del deseo de enterarnos de todo, pero ahora directamente de la mente, sin conversaciones subjetivas), dominar el fuego o el hielo, etc…
Finalmente nos quedamos con aquellos superhéroes que son capaces de manipular algo, y entre todos ellos mi favorito, como no, es el que pueda manipular el espacio-tiempo, como Hiro Nakamura en Héroes.
Sin embargo mi Señora del Caos, al preguntarle al respecto, lo tenía aún más claro que yo; le gustaría uno de estos dos poderes; el de curar a los seres vivos, o el de poder transmitir a las personas cualquier sentimiento que hayan causado. Básicamente su deseo era poder hacer ver a las personas el sufrimiento que hayan podido causar a otro ser vivo, haciéndoselo revivir en su propia piel.
Lo he pensado y ya no quiero ser superhéroe. Creo que no tendría el equilibrio mental suficiente que tienen los superhéroes para aplicar sus poderes al mundo real. Ellos, los buenos, siempre intentan no hacer un uso excesivo de sus poderes aunque ello signifique darle ventaja a los “malos”. Yo no podría darles esa ventaja. Yo querría coger a ese violador e inyectarle toda la dosis de dolor que ha causado. Yo querría ver una mirada de horror en los ojos de un maltratador, cuando sintiera la misma oleada de miedo que ha provocado en su pareja. Yo sería un superhéroe vengativo, cruel y despiadado que no tendría piedad de todo aquel que haya causado dolor de forma consciente. Yo disfrutaría viéndolos retorcerse de dolor, gritando de miedo, suplicando morir, y los condenaría a un ciclo incesante de sus propias acciones volcadas sobre su mente. No querría que murieran, querría que sufriesen en vida.
Yo querría hacer sentir a estas personas que abandonan a los animales el mismo sentimiento de soledad que embarga a un perro cuando lo dejas abandonado en un camino y huyes con el coche. Querría que sintieran el mordisco del frío de la noche, la angustia de la eterna espera, el dolor de la ausencia…
Por eso no quiero ser superhéroe, porque me convertiría en un juez implacable…

Y aquí os dejo unas fotos de un cachorro que hemos encontrado abandonado mi mujer y yo, y que me ha inspirado esta entrada. Necesita un hogar, nosotros no podemos tenerlo en la Torre, que además está de mudanza. Es muy cariñoso y agradecido y alguien lo ha abandonado cuando aún no ha terminado de aprender lo que es jugar.
Por favor, transmitid esta entrada a alguien que quiera un cachorro para regalarle un poco de cariño. Sabéis que sólo en contadas ocasiones os pido que difundáis una entrada. Ésta es una de ellas.

No hace falta que sea un superhéroe. Nos basta con que sea un héroe.








sábado, 22 de enero de 2011

Tiempo de Cambios

Los últimos meses del 2010 han supuesto una vorágine de perspectivas de cambio en la Torre del Caos. Cuando más sucesos acontecen y más tengo para escribir, menos tiempo tengo de hacerlo. Es una ecuación odiosa, pero no por ello menos cierta.
Si leéis la introducción al blog, a la izquierda, comprenderéis la filosofía que intento instaurar en mi vida; lo caótico, lo desordenado, lo impredecible, no es sinónimo de malo. En el cambio está la oportunidad, la evolución, el salto cualitativo. No siempre es así, y a veces los cambios son a peor. Por eso hay que lucharlos, no hay que dejarse vencer por la desidia o el pesimismo.
La crisis de la que tanto se habla en los últimos años y que amenaza con instalarse para siempre en nuestro día a día ha comenzado a afectar también a la obra civil, y por ello, la Torre ha de ajustarse a los tiempos venideros...
Y ahora tengo que dejar mi tierra, la de la bandera blanca y verde, la de los pueblos encalados, agricultores incansables, y pescadores curtidos. Nací entre olivos, me crié a la orilla del Mediterráneo y me formé bajo la atenta mirada del Veleta. Mi vida ha transcurrido entre Sierra Morena y el Mediterráneo, con sabor a gazpacho y a pipirrana, a sardinas y abadejo, a migas con chorizo y plato alpujarreño. Mi vida huele al alpechín de las fábricas de aceite, al viento salado de la costa, a naranjas del valle del Guadalquivir y al embrujo del Sacromonte. Mi vida es del color de la tierra jienense que me vio nacer, del azul de las playas de Estepona que me vio crecer de niño a adolescente, y del blanco de Sierra Nevada que me vio pasar de adolescente a adulto.
Y en cada rincón de Andalucía guardo recuerdos: de las playas de Huelva, de los carnavales de Cadiz y de sus pueblos blancos, del sol revitalizante de mi Málaga querida, del olor a azahar bajo la giralda de Sevilla, de la amable gente de la campiña de Córdoba, del calor de la familia de Jaén, de las negras arenas de la costa de Almería y del sabor de la Alhambra en las noches de verano.
Por eso, romper con mi historia no va a ser fácil. Dejar atrás más de treinta años de mi Andalucía no es un paso fácil. Pero es necesario.
Que nadie entienda esto como un estado de nostalgia y melancolía que me impedirá avanzar hacia el futuro. Afronto con ilusión una nueva etapa sabiendo que nunca abandono mi tierra porque ella vive dentro de mí y a la vez dejándome llevar por nuevos sabores y sensaciones.
Siempre me gustó Madrid.
Ahora toca escribir sobre tí...







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