lunes, 29 de junio de 2009

Ambición.



Abrió la ventana.
Al instante supo que no debía haberlo hecho. Una ráfaga de viento helado azotó su rostro y una oleada de tristeza envolvió a su alma indefensa. El calor del hogar se disipó en un instante, la tenue luz de la vela tililó tímidamente, intentado sobrevivir, para apagarse finalmente dejando tras de sí una fina estela de humo negro que ascendía hacia la nada.
Intentó cerrar la maldita ventana, pero ya era tarde. Su corazón se encogió de dolor, colapsándose sobre sí mismo, refugiándose atemorizado en lo más recóndito de su pecho ante la sensación hiriente de miles de agujas clavándose en él. La soledad penetró en forma de oscuro manto para cubrirlo y cegarlo. Lo que tanto había tardado en construir se derrumbó con un quejido lastimero y agónico.
Jamás debió abrir esa ventana, pero en ocasiones lo tenemos todo y queremos seguir abriendo ventanas para tener más. A veces se gana.
Y a veces, lo perdemos todo.

viernes, 26 de junio de 2009

Jubilación II

Ayer los compañeros celebraron una comida en honor a mi padre por su jubilación, así que me levanté y volví a mi casa, aunque no por Navidad, para darle una sorpresa.
Merecíó la pena los cuatrocientos kilómetros de ida y vuelta para abrazarle y verle llorar como un niño. Es asombroso lo poco que cuesta a veces hacer feliz a quienes te lo han dado todo, porque realmente son los que menos te exigen aunque necesitan de tí. Un gesto, un abrazo, lo vale todo.
Ayer fue un día muy especial para mi padre y me alegró verlo rodeado por los que durante un cuarto de siglo han sido sus compañeros, ahora amigos. Le dedicaron palabras muy emotivas y yo no quise ser menos, por lo que le dediqué esto que os pongo a continuación:

"Todos sabéis que hoy en día se construye con un material que nació a finales del siglo XIX: el hormigón.El hormigón consiste en una mezcla de áridos, agua, cemento, adiciones y aditivos en diferentes proporciones. Cada uno de estos elementos tiene una serie de características que combinadas entre sí le confieren mayor o menor disponibilidad para ser usado en la mezcla.
Lo que algunos quizás no sepáis es que el hormigón depende mucho de las condiciones iniciales de su puesta en obra: si hace calor, si hace frío, si se compacta bien, si es homogéneo…Todo lo que se le haga al hormigón en su edad más temprana (3 primeros días) condiciona definitivamente sus características futuras.
Las personas, como el hormigón, vienen determinadas por unas condiciones iniciales: su genética, su lugar de nacimiento y su entorno familiar. Todo esto ya es un caldo de cultivo azaroso que va a influir definitivamente en la persona que será en el futuro.
Pero, al igual que el hormigón, es necesario aprovechar los primeros momentos de la vida para dar forma, para moldear y optimizar las características iniciales que la vida nos ha regalado. Y todo lo que se haga en la madurez es mucho más complicado de modificar, pues el hormigón ya ha endurecido y cualquier solución implica un alto coste en tiempo y dinero. No se cambia la forma de ser de una persona de 30 años de la noche a la mañana.
Los maestros sois los moldeadores de personas, y tenéis que intentar hacer un buen hormigón independientemente de las características que os den. Yo puedo elegir a mi hormigón porque les pongo unas condiciones a la fábrica y restrinjo la forma de ponerlo en obra, amamantándolo desde antes de su concepción para que llegue a buen fin.
Por eso, cuando alguien alaba mi trabajo porque lo considera muy difícil y de mucha responabilidad, yo siempre digo: “más difícil es el de mi padre que no elige la materia prima y tiene que sacar lo mejor de ella independientemente de sus condiciones iniciales”
He tenido mucha suerte en la vida; mis condiciones iniciales fueron buenas, mi disposición a aprender y a superarme es genética; pero hubiera desaprovechado estas condiciones si no hubiera tenido grandes maestros y una familia ejemplar. Me gusta la matemática por que es lo único cierto en la vida. Me gusta escribir y leer porque desordena mi ordenado mundo ingenieril y lo rota tomando otra perspectiva. Me gusta la filosofía porque me hace pensar, la historia porque me hace comprender el presente y vislumbrar el futuro. Soy una mezcolanza entre ciencias y letras, soy un alma de letras alimentada con la rueda de la ciencia
Y no puedo menos que pensar qué hubiera sido de mí sino hubiera tenido buenos maestros. Un maestro te enseña más de la vida de lo que pensamos, no sólo a leer y a sumar; también a compartir, a respetar, a escuchar, a motivarte, a superarte día a día.
Toda esta retahíla es para que comprendas que a pesar de que la vida me ha llevado a dedicarme a otros menesteres, sepas que siempre he pensado que enseñar a los demás lo que sabes para que se abran paso en la vida es la profesión más bonita del mundo. No debería ser una profesión, debería ser algo inherente al ser humano, inalienable, indivisible de él. Todo el mundo debería saber enseñar, pero sólo algunos tienen esa capacidad. Tú tienes ese don, como maestro y como padre, y lo digo desde la experiencia, porque yo he tenido la fortuna de ser alumno e hijo a la vez.
Dice el dicho que el alumno siempre supera al maestro. Yo me conformo con que el día de mi jubilación pueda reunir siquiera la mitad del cariño que has logrado cosechar entre tus compañeros y tu familia.
Feliz jubilación, maestro."

martes, 23 de junio de 2009

Creencias

Ya va siendo hora de que me moje un poco. Hasta ahora he lanzado relatos, opiniones, ideas sueltas y quizás me pierdo un poco al intentar explicar ciertos puntos de vista.
Como muchas veces he tenido que opinar sobre temas de creencias y religiones, comienzo con este "Heptálogo".
1. No creo en un Dios omnisciente y todopoderoso sobre el que depositar nuestros lamentos. Pienso que es más constructivo actuar a esperar que otros lo arreglen
2. No creo en un paraíso eterno ni en un infierno constante. Creo que son entelequias del ser humano que necesita un horizonte hacia el que caminar. Es más difícil andar por la vida sin creer en un premio que tener fe, a pesar de que la mayoría opine lo contrario.
3. El ser humano es competitivo y egoísta por naturaleza. No creo que podamos cambiar esto a menos que circunstancias exteriores lo obliguen, es decir, a no ser que tengamos que unir fuerzas contra un enemigo común, o que se nos abra la ventana de una nueva realidad. Y en esto podréis encontrar el porqué a muchos de mis escritos "raros", como la saga de "Supervivencia" o "Los Eternos"
4. Opino que la gente pierde demasiado el tiempo haciendo ofrendas y realizando rituales en base a sus creencias en lugar de ayudar al prójimo.
5. Cuando llegue el momento de mi muerte me entrará el miedo, estoy seguro. Pero será mi miedo, no el que otros me inculquen. Miedo a lo desconocido, miedo a la nada, pero no miedo a la justicia divina porque entiendo que si después de todo existiera un Dios me juzgará por mis actos y no por mis creencias.
6. A pesar de mis creencias, opino que la religión hoy día aún es necesaria para mucha gente. No estoy a favor de que desaparezca de forma drástica, pero me gustaría que aquellos que proclaman la verdad absoluta fueran conscientes que pueden existir otras realidades. Y me gustaría que la gente pensara en los tiempos antiguos cuando todo se regía por mitos y leyendas y ahora se mofan de su ingenuidad.
7. Que no crea en Dios omnipotente u omnisciente todopoderoso que todo lo puede no significa necesariamente que no crea en Dios. Todo depende de la deficinición de Dios. Si con Dios queremos decir algo presente en el todo, siempre existente puede que crea. La energía, al fin y al cabo, no se crea ni se destruye, sólo se transforma.
He pensado que siete puntos están bien por ahora, no hay que avasallar. Y siempre, siempre, mi respeto para las opiniones de los demás mientras respeten la mía y me dejen vivir en paz.

domingo, 21 de junio de 2009

Valió la pena


Valió la pena.
Valió la pena equivocarse una y mil veces en el camino porque atravesar senderos oscuros y tenebrosos finalmente desembocó en una avenida de luz.
Valió la pena maldecir el tiempo pero nunca darle la espalda, seguir hacia adelante y no perder la fe en que compartirlo todo es posible.
Valió la pena cualquier acción del pasado si me llevó hasta tí. Valió la pena con tan sólo la primera sonrisa que me dedicaste, el primer beso que nos dimos, el primer despertar junto a tí...
Valió la pena con tan sólo conocerte.
El resto, el seguir compartiendo el día a día contigo, es un regalo adicional que la vida me ha otorgado .


jueves, 18 de junio de 2009

Grandeza


Tengo un amigo al que no veo hace tiempo. Es el único amigo del que no recuerdo cuando lo conocí, porque cuando empecé a tomar conciencia de mí mismo, él ya estaba allí.
Yo nací unos meses después que él. Mi nacimiento fue algo traumático porque las dificultades para sacarme, la rotura de mi clavícula, la reacción de mi sangre con la de mi madre y la ausencia de oxígeno al cerebro en los primeros segundos de vida desembocaron en una sentencia de muerte por parte de los médicos, que no me auguraban más de una semana de vida. Al superar la semana de vida la esperanza dió paso a la cautela y advirtieron a mis padres de las posibles secuelas cerebrales que podría sufrir. Me aferré a la vida en primer lugar y el azar me libró de las consecuencias después.
A mi amigo también le hicieron daño al nacer. Él también se aferró a la vida, pero el azar no quiso sonreirle igual que a mí y las secuelas se presentaron en forma de parálisis cerebral parcial que limitan su aparato locomotor y su coordinación. Básicamente, no puede andar ni hablar ni coordinar los movimientos como los demás, aunque con los años ha mejorado mucho y de siempre ha sido un charlatán de primera.
Pasamos juntos los primeros años de nuestra vida. Recuerdo que hubo un tiempo en el que sólo su madre y yo le entendíamos bien al hablar. Sus botas negras eran una constante obligada para él, al igual que las sesiones con el logopeda. Desde un principio dejó con la boca abierta a todos con su evolución y con sus ganas de superarse a sí mismo día a día. Cuando los demás niños corrían el aún estaba aprendiendo a andar, sudando, enrojecido por el esfuerzo, nervioso por querer avanzar al mismo ritmo que los demás.
Recuerdo cómo al ir creciendo me di cuenta que en realidad yo no era consciente de su minusvalía. Al haber crecido con él, todo me parecía normal, todas las acciones que hacíamos juntos las adaptaba automáticamente a sus posibilidades sin meditarlo. Era algo natural. Recuerdo jugar en el pasillo de su casa con un globo en lugar de una pelota. Pero eso no era suficiente para él. Ama el deporte. Y nada podía apartarlo de enfundarse su chándal, coger la pelota bajo su brazo y andar con su paso desigual pero decidido junto a mí hacia donde jugaban los chicos del barrio. Jugaba de portero. No podía tirarse, carecía de la agilidad de los demás. Pero jamás se apartaba del balón aunque le viniera a la cara. Su amor propio hizo que en múltiples ocasiones se le doblaran los dedos o que le sangrara la nariz de un pelotazo y cuando todos acudíamos para ver como estaba el reía porque había parado el balón y evitado el gol. No le importaba el dolor, no se quejaba, quería seguir jugando hasta que los demás caíamos extenuados. Los demás. Porque él nunca se cansaba.
Recuerdo una vez, siendo ya adolescentes, cuando jugamos en un campo de tierra, siempre tú y yo en el mismo equipo, en el que el balón te impactó en los dedos y te los dobló. El balón rebotó en el poste y cuando volvieron a rematar pusiste tu cara para evitarlo. El balón cayó a mis pies, pero yo sólo miraba a mi amigo para ver si estaba bien. Me gritó que corriera, que avanzara, y bajé la cabeza y comencé a correr con el balón como jamás lo había hecho. No sé cuantos contrarios regateé, cuantos metros recorrí desde nuestra portería a la suya, un fuego de coraje y rabia me consumía y sólo quería estrellar el balón en su red, como si ese gesto pudiera compensar la injusticia que el destino había hecho contigo. Con un grito desgarrador fusilé la portería contraria y corrí hacia tí para abrazarte mientras me felicitabas por mi jugada con tu nariz sanguinolenta. Eras feliz simplemente porque tu amigo había hecho una jugada de libro. Yo era feliz porque tenía un amigo que no se sentaba a lloriquear en un rincón, sino que regalaba a los demás la fuerza que a él le sobraba.
El destino quiso que me tuviera que mudar a otra ciudad, pero todas las vacaciones volvíamos a vernos, a jugar al fútbol, a los videojuegos, al dominó y poco a poco descubrí la asombrosa capacidad para retener las cosas en tu cabeza. Nadie te ganaba a memoria. Huías de las matemáticas pero absorbías los libros con celeridad pasmosa, te aprendías las lecciones de memoria con una facilidad de miedo. Sí, que nadie se equivoque. Tu aparato locomotor te limitaba, pero tu cabeza estaba bien puesta. Quisiste estudiar en la universidad, pero entonces no existían pen-drives, ni apuntes multimedia ni lecciones on line y tomar apuntes era imposible para tí. Tuviste que dejarlo pero seguías buscando tu camino, a base de injusticias en oposiciones que te negaban lo que por constancia e inteligencia te pertenecía. No se valoraba el esfuerzo ni el resultado. Sólo el tiempo. Y para tí el tiempo se divide en esfuerzos. El esfuerzo de escribir una palabra, de hablar una frase, de andar un kilómetro...
Puedo escribir miles de anécdotas juntos, de barreras que has saltado, de injusticias que has sufrido, pero quizás sea mejor ir goteando este blog de vez en cuando con pequeños ríos de tí. El crecer contigo creo que me inculcó la filosofía de nunca rendirme, de no desfallecer, de seguir adelante de mirar a la vida de frente y enseñarle los dientes. Si no, nunca hubiera estado a tu altura como amigo.
Muchos creen que alguien es grande porque se sienten pequeños junto a él. Pero lo cierto es que la grandeza, la verdadera grandeza, consiste en hacer que los demás se sientan grandes a tu lado.
Tú eres grande Raúl.Muy grande.

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