sábado, 28 de marzo de 2009

Elección

Estaba preparado.
Levantó la cabeza aunque no consiguió ver nada. La primera vez que entró sus ojos aún podían distinguir las diferentes puertas en medio de la penumbra, pero ahora la penumbra se había tornado oscuridad. Las antaño voces familiares se convirtieron en débiles susurros para finalmente fundirse entre ellas en un silencio ensordecedor.
La puerta por la que había llegado se convirtió en pared rocosa. Ni rastro de la desvencijada madera, del picaporte oxidado, de la ranura inferior por la que se colaba un débil resplandor...ahora sólo había roca, y frente a él tres puertas. Habían sido dos al principio, llegaron a ser hasta siete, habían cambiado de posición, de forma...la realidad cambia constantemente, y por lo tanto sus alternativas, sus posibilidades y su elección.
El último intento había acabado con sus fuerzas y se había abandonado en un rincón, indiferente a los cambios que se sucedían a su alrededor, sumido en su fracaso, ahogado en su desesperanza...pero se había cansado de nadar en la autocompasión. Tenía que intentarlo de nuevo, el movimiento lo mantenía vivo.
Palpó la pared hasta encontrar una de las puertas. Había cambiado de nuevo, pero no importaba. En la completa oscuridad poco importa la puerta que escojas, porque ninguna te llevará a otro sitio más oscuro que en el que ya estás. En la luz, incluso en la penumbra quizás puedes sopesar las alternativas, analizar probabilidades, siempre buscando algo mejor. Pero en la oscuridad total no importa el camino a escoger, sólo importa caminar...
Dió unos pasos atrás, aspiró profundamente...y corrió con todas sus fuerzas. El hombro impactó ruidosamente contra la madera podrida que cedió quejosamente hasta caer rendida bajo el cuerpo magullado.
Se levantó.
Tras de él quedaba la Oscuridad total. Delante de él una tímida penumbra se abría paso, podía vislumbrar cinco puertas, todas distintas entre sí. Sonrió y se dirigió al centro de la estancia, donde permaneció mirando la puerta por la que había entrado. El hueco por el que se atisbaba la negrura infinita se fué cerrando hasta quedar confundido con la pared rocosa. Las cinco puertas ahora eran tres, en diferente posición que las anteriores. Se sentó a recuperarse. Pero no podía tardar mucho tiempo, porque no sólo las puertas eran cambiantes. El mismo ambiente no era permanente en cada sala. Las puertas cambiaban más rápidamente que el interior, pero éste tampoco era imperturbable.
Lo que ahora era penumbra podía volverse luz cegadora o bien oscuridad asfixiante. Pero entre ambas había muchos estados intermedios...
A veces le invadía la desesperación. Pero no tenía sentido esperar, permanecer inmóvil. El futuro es de los que se ayudan a sí mismos...
A lo lejos, llamándolo desde lo más recóndito de su esperanza, volvió a escuchar el susurro de aquellas voces...
Estaba en el camino...
Como quizás la moraleja de este relato es algo difícil de vislumbrar, os invito a leer una antigua entrada

jueves, 26 de marzo de 2009

Los girasoles ciegos

Hoy he visto la película de "Los girasoles ciegos".
Hoy seré breve.
Escribiré sin reflexionar, sin sopesar los pros y los contras, sin analizar, sin cuantificar...
Escribiré simplemente porque me arden los dedos, me hierve la sangre y grita mi alma.
Escribiré que me indigna aquel que persigue señalando con el dedo a los que no piensan como él, creyéndose poseedor de la verdad absoluta. Aquel que se refugia en la opresión, el miedo y el dolor de los demás.
No es indignación solamente. Es rabia, es frustración. Es dolor por los hilos de vidas cortadas sin sentido.
Hoy escribo para aquellos que en el pasado, presente o futuro, sufrieron, sufren, o sufrirán por su forma de pensar, por su forma de creer, por su forma de vivir. Me da igual el pais. Me da igual el color. Me da igual la bandera. Me importa el ser humano.
Me asombro de lo obtuso del ser humano cuando intenta ahogar sus dudas arrasando las ideas contrarias. No quiere conocerlas, no quiere mirarlas siquiera de soslayo, no quiere analizarlas para buscar la firmeza de las suyas. Y no quiere hacerlo porque en realidad duda. Porque aquellos que persiguen a los demás hostigándoles con el báculo de la verdad, en realidad lo hacen porque interiormente temen que su báculo no sea tan firme como piensan, sino flexible o tal vez quebradizo.
Puedo escribir ríos de rabia, mares de odio. Pero no lo haré. Hoy no. Hoy me quedo con una frase:
"La violencia es el último recurso del incompetente". Salvor Hardin. (Personaje de "La Fundación", de Isaac Asimov).

lunes, 23 de marzo de 2009

Un sentimiento eterno en un siglo de cambios

- Aunque te parezca mentira, querido bisnieto, cuando yo tenía tu edad me planteaba lo mismo que tú, con herramientas de entonces: antes escribíamos sobre papel con unos objetos que podrás ver en los museos. Se llamaban bolígrafos, aunque había muchas variantes; rotuladores, lápices, plumas estilográficas… Con tu edad mis dedos tuvieron que pasar a acostumbrarse de aferrar estos objetos a deslizarse por los teclados, los mismos que hoy en día están cayendo en desuso ante el imparable avance de la Neuronética.

El Bisab hizo una pausa, buscando recuerdos del ayer en su memoria. Lo observé detenidamente. Me fascinaba contemplarle. Quedaban pocos testigos de la llegada de los Eternos, pero quedaban menos aún que hubieran nacido en el milenio anterior, al inicio de lo que más tarde sería llamada la Era Tecnológica. Bisab había sido testigo de los años previos a la crisis energética y medioambiental que posteriormente desembocaron en el Gran Colapso.
Los avances de la Neuronética aplicados a la medicina permitieron a mediados del siglo pasado retrasar ligeramente el envejecimiento de las células cerebrales. El cuerpo de Bisab, en otro tiempo quizás alto y fuerte, mostraba los signos evidentes de una persona que ha sobrepasado el siglo de edad. Sus arrugas se perdían unas en otras, su pelo totalmente blanco se resistía a caer, aún a pesar de su reticencia a usar la implantación capilar. Pero su mente seguía discurriendo ajena a las enfermedades que décadas atrás preocupaban a los ancianos y que hoy en día habían sido controladas gracias a los descubrimientos realizados en el campo de la genética.
-No es lo único que ha cambiado desde entonces. Es la parte negativa de nuestros avances en la Neuronética; sabemos exactamente cómo causar cualquier sensación o sentimiento en nuestro cerebro y nos hemos rendido a esa realidad virtual que nos acerca todos los sabores, olores y sensaciones del mundo sin movernos de nuestro sofá. Las generaciones venideras olvidarán paulatinamente el placer de descubrir un nuevo sabor, una nueva sensación…Creo que el ser humano vuelve a caer en los mismos errores del pasado; nos rendimos sin condiciones ante cada avance que nos haga la vida más cómoda. Caemos a los pies de cualquier innovación que nos traiga el mundo a casa en lugar de salir a descubrirlo por nosotros mismos. Los Eternos nos mostraron lo peligroso de nuestra tendencia a discurrir por un sendero olvidándonos de mirar hacia los lados. Espero que nuestra maldita manía de correr hacia adelante no acabe en una nueva catástrofe.
-Entonces Bisab, ¿crees que nos acercamos a otra época oscura como la Década Negra?
-No lo creo. Las circunstancias anteriores a la Década Negra no se dan en la actualidad. No hay guerras fronterizas pues las fronteras dejaron de tener sentido, no hay lucha por el control de la energía, pues el núcleo terrestre nos da toda la que necesitamos en cualquier punto del planeta, no hay lucha en nombre de la religión, pues todo cambió con la llegada de los Eternos…Ahora el ser humano está más unido que nunca, aunque queden reductos de personas que no hayan querido abrir los ojos a la nueva realidad…No, no creo que suframos otro Colapso. Nuestro enemigo es otro. Nuestro enemigo es la complacencia, el conformismo, la relajación de una sociedad del bienestar…
La tarde discurrió como todas las visitas al Bisab, con su voz parsimoniosa llenando cada recoveco de mi mente, con la Bisab sentándose a nuestro lado de vez en cuando y regañando al Bisab por aburrir a su bisnieto con aburridas historias del pasado, y con el Bisab mirándola a su vez y sonriéndole ante cada nueva interrupción.
Al final del día, cuando disponía a marcharme con la cabeza llena de visiones dibujadas del pasado, le pregunté a Bisab si se habían cumplido sus expectativas en la vida. El Bisab me sonrió y dijo:
- Hijo mío, he visto el horror, la guerra, la destrucción, el hambre, la pobreza, he visto como el ser humano se autodestruía sin motivo alguno por intentar hacer prevalecer el individuo sobre el colectivo. He visto resurgir un nuevo concepto de humanidad, más unida, más concienciada de nuestra posición en el universo, he visto cómo llegábamos a otro planeta, he visto cómo la eterna pregunta del hombre de si estamos solos en el universo ha sido contestada…he visto mucho más de lo que cualquier ser humano antes de nuestra generación podría haber siquiera imaginado. Y sin embargo, a pesar de que todo esto ya de por sí responde a tu pregunta, hay cosas que me han llenado mucho más y que por sí mismas ya merece la pena haber vivido.
- ¿Si? ¿Como cuáles Bisab?
- El año pasado hizo un siglo que celebramos nuestra unión la Bisab y yo. Hace cien años, sobre una pradera verde de las que ya no existen, al menos en nuestras megaciudades, la Bisab y yo empezamos nuestra vida juntos sin saber lo que nos depararía el futuro. He vivido un siglo con ella. A las generaciones futuras las parecerá un tiempo normal, pero a nosotros, situados entre una generación que vio nacer a los ordenadores y otra que ha visto colonizar la Luna, nos parece un regalo de las estrellas. Y lo que te quiero decir, hijo mío, es que a pesar de haber vivido todo lo que te he contado, los grandes acontecimientos de la humanidad, el cambio de filosofía, el nuevo rumbo que tomamos…nada es comparable a la sensación de pasar junto a ella un solo día de estos cien años.
Salí de la casa de los Bisab como siempre, perdido en mis pensamientos. A pesar de nuestros avances, de nuestra tecnología, seguían existiendo parcelas inexpugnables al conocimiento humano. No creo que ninguna ecuación matemática ni ley física pueda cuantificar ni explicar el amor entre dos personas…
Este relato pertenece a la saga "Relatos del mañana", que sigue así:

viernes, 20 de marzo de 2009

La cuadratura del círculo

Hoy he encontrado esta expresión en el libro de "El Fuego", que estoy leyendo ahora, y mientras me duchaba pensaba en la expresión: se utiliza, como todos sabéis cuando se quiere conseguir encajar algo perfectamente y no se logra y te dicen: "Es que estás intentando conseguir la cuadratura del círculo". Es decir, intentas obtener un cuadrado con la misma área de un círculo.
Geométricamente la cabeza no me da para más, pero matemáticamente es fácil (no os asustéis que luego viene la moraleja):
La superficie de un círculo de radio R es S=π x R2
La superficie de un cuadrado de lado L es S=L x L =L
2
Para que ambas superficies sean iguales, π x R2= L2 y por lo tanto π= L2/ R2
Y aquí llegamos a la contradicción porque π es un número trascendente, es decir no proviene de ninguna relación algebraica sino que es una propiedad intrínseca de las matemáticas, no se puede obtener como la relación entre L y R, cualesquiera que sean los números.
A lo largo de mi vida siempre me he preguntado sobre la existencia de Verdades Absolutas. Con mayúscula. A medida que he ido creciendo he ido desechando todas aquellas que tienen que ver con el ser humano, ya sean ideas morales o legales, porque todas están “contaminadas” por nuestros sentidos. Es decir: imaginemos que matar no está bien. Esto nos parece a todos una ley universal, pero imaginemos una persona que va a accionar un botón que va a destruir a toda la humanidad. En tu mano tienes un botón que lo destruye a él. ¿Qué haces? Si no lo pulsas, dejarás morir a toda la humanidad, y en cierto modo estás siendo cómplice pasivo de la muerte. Si lo pulsas también matas. Generalmente cogeríamos el mal menor. En este caso es cuantificable.
Si él tiene un botón en el que mataría a la mitad de la humanidad y a ti, y tú otro en el que matas a la mitad de la humanidad y a él, ¿qué harías? ¿Y si la mitad de la humanidad que él salva contiene a tu familia? ¿Y si la mitad que tú salvas contiene a tu familia? En este caso las decisiones no dependen de la cantidad sino de juicios personales. Depende de la "calidad" de la gente que salvas, pero de una "calidad" que depende de tu punto de vista
Creo que habría diferentes casos y por lo tanto no hay verdad absoluta en los juicios morales.
La Historia misma está llena de acontecimientos en los que el punto de vista inclina la balanza a un lado u otro.
Casi todo depende del punto de vista. Últimamente deseché la física, pues a lo largo de la historia han ido cayendo leyes inquebrantables. Algunas, como la física de newton, no es errónea, pero sólo aplicable bajo ciertos condicionantes. La mecánica cuántica es aplicable al universo microscópico, la relatividad de Einstein al universo macroscópico…¿no hay algo que valga para todo?
Sólo me queda algo a lo que aferrarme. La Matemática. Pura . Al menos mi cerebro no puede concebir que dos mas tres no sean cinco.

jueves, 19 de marzo de 2009

Universidad


Pues sí. Ayer fuí a la Universidad, después de ¿8 años hace ya? Madre mía...

Pero ayer no fuí bajo la presión de exámenes, de clases, de horarios...Ayer fuí a dar una clase. Bueno, los carteles lo llamaban "Conferencia". Vamos, que ayer era un "conferenciante"

La charlita de dos horas que me dejó con la boca seca trataba sobre los métodos de ejecución utilizados en la última obra que terminé el año pasado; cimentaciones, pilas y estribos y tablero de las estructuras que hicimos, tanto de hormigón como metálicas. ¡Pero no salgáis corriendo como alma que lleva el diablo que no os voy a aburrir con semejante repelencia!

No. Ayer me dí cuenta de cómo se van transformando nuestros puntos de vista a medida que transcurre la vida. A mí me parecía que hace poco estaba sentado allí, al otro lado, escuchando la conferencia de otro, tomando apuntes, pensando en mis exámenes, mis trabajos, la juerga del fin de semana y poco más.

Ahora las responsabilidades ocupan parte de nuestros pensamientos. Mucha parte. Pero no seré demagogo. No pienso que cualquier tiempo pasado fue mejor. Creo que cada etapa en su vida tiene su momento, y alargar cualquiera de ellas demasiado te hace finalmente estar fuera de lugar. Me gustan mis preocupaciones actuales, mi independencia, me gusta charlar con mi mujer, pasear con mis perros, visitar a mi familia y escribir en mi blog. Atrás quedaron la complicidad estudiantil, los calimochos baratos (que hoy en día mi estómago rechazaría automáticamente y sin dejarlo bajar por el esófago), los exámenes de cinco horas machaca-espaldas, los partidillos de los sábados (ya sin inhalador), los descuentos con el carnet joven, la fiesta de la primavera y los turnos de limpieza de los pisos de estudiante. Recordé todo esto al terminar la charla y sonreí para mis adentros. Mucha gente dirá que de estudiante se vive muy bien. Yo creo que se vive distinto, es una etapa más, y aunque buena, yo no cambio la etapa actual de mi vida por nada.
Ayer en la universidad me dí cuenta de lo que he cambiado en ocho años. No sólo a nivel profesional, que es evidente y lógico, sino también personal; soy mucho menos impetuoso que antes en mis decisiones pero a la vez aguanto menos las incongruencias las hipocresías y las reglas absurdas. Y sobre todo he aprendido de mucha gente. De la gente que me rodea, de la gente que me quiere y de la que no me aprecia, de la gente que mandaba sobre mí y de los que yo mandaba sobre ellos.
Empiezo a vislumbrar lo que quiero. Pero sobretodo, en estos años, he aprendido lo que no quiero.

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