lunes, 9 de enero de 2012

Amor eterno

Al recordar aquella última conversación, un escalofrío recorrió mi cuerpo…Parecía que habían pasado años cuando sólo hacía una semana que Raúl juraba su amor por mí entre estas mismas cuatro paredes. Qué estúpida y ruín me siento ahora que los acontecimientos han abofeteado mi inmadurez, propia de una niña malcriada y consentida. Aún noto el frío de aquella lluviosa mañana, con medio pueblo reunido junto al puente, haciendo apuestas sobre si Raúl sería capaz o no de cruzar a nado el río. Y yo, pavoneándome en medio de la algarabía, henchido mi orgullo por ser el centro de atención y la causa de tamaña osadía. Recuerdo su mirada, esperanzada y atemorizada a la vez, buscando complicidad, o quizás un gesto que acabara con tanto despropósito. Pero yo estaba ciega. Completamente ciega. Necesitaba muestras imposibles, hazañas heroicas como las de los cuentos de hadas. Yo siempre quise ser la dama por la que luchan los caballeros andantes en sus torneos medievales. Yo quería que se matara un dragón de mil cabezas en mi nombre, que se derrumbaran ejércitos enteros sólo para alimentar más aún mi vanidad.

Raúl no llegó a la otra orilla. Las corrientes dicen unos, el fango del fondo dicen otros…pero yo sé la verdad. Yo sé que es un castigo, que Dios me ha condenado a un dolor en el que se mezclan la soledad y la vergüenza, la culpa y la impotencia. Yo he llevado a Raúl a la muerte. Su juventud y su fuerza se han ahogado en aquellas malditas aguas. Pero no su amor. Su amor sigue vivo. Su amor me persigue constantemente, buscando cumplir su promesa.

Cada noche veo una sombra deslizarse junto a mi cama. Se acomoda en la esquina más oscura de la habitación, allí donde él me juró amor eterno, y me susurra palabras incomprensibles. Cada noche siento que me empujan levemente hacia la esquina, que la sombra busca un abrazo en el que refugiarse. Me resisto, forcejeo, presa del miedo, y la sombra se retira entre lamentos estremecedores. Cada mañana me levanto con la sensación de haber vivido una pesadilla.

Y cada mañana veo el mismo charco de agua. Allí, donde Raúl me juró amor eterno.

6 comentarios:

Damián Neri dijo...

A como lo entendí, sin duda es una especie extraña de amor. Y hace notar una de las desventajas del "amor eterno".

Rebeca dijo...

Eterno desde luego que es...y dejando al lado el humor morboso, y a pesar de ser una romántica, pienso que el verdadero amor no es exigente, no espera grandes proezas si no pequeñas demostraciones, da libertad y probablemente sí sea eterno.

cristal00k dijo...

Sólo por quitarle hierro a tu estupendo cuento de "terror":

"La Eternidad es muy larga... sobre todo al final.." Woody Allen.

Pos eso, y otro abrazo.

Nadia tienessal.blogspot.com dijo...

Que miedo al final (y al principio).... ¿Amor eterno? No! Gracias!

Un saludo vecino!

Nadia

Yandros dijo...

Damián: En realida es amor egoísta por parte de ella...
Rebeca: por una vez, estamos de acuerdo en cuestiones románticas jajaja
Cristal: Woody es un crack ajajaj
Nadia: Vecina!!!! que alegría, uno de mis primeros visitantes caóticos deambula por aquí!

Adivín Serafín dijo...

Me quedo con la mañana y el charco. El relato deja la puerta a una posible esperanza.

Blogsaludos

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