jueves, 18 de junio de 2009

Grandeza


Tengo un amigo al que no veo hace tiempo. Es el único amigo del que no recuerdo cuando lo conocí, porque cuando empecé a tomar conciencia de mí mismo, él ya estaba allí.
Yo nací unos meses después que él. Mi nacimiento fue algo traumático porque las dificultades para sacarme, la rotura de mi clavícula, la reacción de mi sangre con la de mi madre y la ausencia de oxígeno al cerebro en los primeros segundos de vida desembocaron en una sentencia de muerte por parte de los médicos, que no me auguraban más de una semana de vida. Al superar la semana de vida la esperanza dió paso a la cautela y advirtieron a mis padres de las posibles secuelas cerebrales que podría sufrir. Me aferré a la vida en primer lugar y el azar me libró de las consecuencias después.
A mi amigo también le hicieron daño al nacer. Él también se aferró a la vida, pero el azar no quiso sonreirle igual que a mí y las secuelas se presentaron en forma de parálisis cerebral parcial que limitan su aparato locomotor y su coordinación. Básicamente, no puede andar ni hablar ni coordinar los movimientos como los demás, aunque con los años ha mejorado mucho y de siempre ha sido un charlatán de primera.
Pasamos juntos los primeros años de nuestra vida. Recuerdo que hubo un tiempo en el que sólo su madre y yo le entendíamos bien al hablar. Sus botas negras eran una constante obligada para él, al igual que las sesiones con el logopeda. Desde un principio dejó con la boca abierta a todos con su evolución y con sus ganas de superarse a sí mismo día a día. Cuando los demás niños corrían el aún estaba aprendiendo a andar, sudando, enrojecido por el esfuerzo, nervioso por querer avanzar al mismo ritmo que los demás.
Recuerdo cómo al ir creciendo me di cuenta que en realidad yo no era consciente de su minusvalía. Al haber crecido con él, todo me parecía normal, todas las acciones que hacíamos juntos las adaptaba automáticamente a sus posibilidades sin meditarlo. Era algo natural. Recuerdo jugar en el pasillo de su casa con un globo en lugar de una pelota. Pero eso no era suficiente para él. Ama el deporte. Y nada podía apartarlo de enfundarse su chándal, coger la pelota bajo su brazo y andar con su paso desigual pero decidido junto a mí hacia donde jugaban los chicos del barrio. Jugaba de portero. No podía tirarse, carecía de la agilidad de los demás. Pero jamás se apartaba del balón aunque le viniera a la cara. Su amor propio hizo que en múltiples ocasiones se le doblaran los dedos o que le sangrara la nariz de un pelotazo y cuando todos acudíamos para ver como estaba el reía porque había parado el balón y evitado el gol. No le importaba el dolor, no se quejaba, quería seguir jugando hasta que los demás caíamos extenuados. Los demás. Porque él nunca se cansaba.
Recuerdo una vez, siendo ya adolescentes, cuando jugamos en un campo de tierra, siempre tú y yo en el mismo equipo, en el que el balón te impactó en los dedos y te los dobló. El balón rebotó en el poste y cuando volvieron a rematar pusiste tu cara para evitarlo. El balón cayó a mis pies, pero yo sólo miraba a mi amigo para ver si estaba bien. Me gritó que corriera, que avanzara, y bajé la cabeza y comencé a correr con el balón como jamás lo había hecho. No sé cuantos contrarios regateé, cuantos metros recorrí desde nuestra portería a la suya, un fuego de coraje y rabia me consumía y sólo quería estrellar el balón en su red, como si ese gesto pudiera compensar la injusticia que el destino había hecho contigo. Con un grito desgarrador fusilé la portería contraria y corrí hacia tí para abrazarte mientras me felicitabas por mi jugada con tu nariz sanguinolenta. Eras feliz simplemente porque tu amigo había hecho una jugada de libro. Yo era feliz porque tenía un amigo que no se sentaba a lloriquear en un rincón, sino que regalaba a los demás la fuerza que a él le sobraba.
El destino quiso que me tuviera que mudar a otra ciudad, pero todas las vacaciones volvíamos a vernos, a jugar al fútbol, a los videojuegos, al dominó y poco a poco descubrí la asombrosa capacidad para retener las cosas en tu cabeza. Nadie te ganaba a memoria. Huías de las matemáticas pero absorbías los libros con celeridad pasmosa, te aprendías las lecciones de memoria con una facilidad de miedo. Sí, que nadie se equivoque. Tu aparato locomotor te limitaba, pero tu cabeza estaba bien puesta. Quisiste estudiar en la universidad, pero entonces no existían pen-drives, ni apuntes multimedia ni lecciones on line y tomar apuntes era imposible para tí. Tuviste que dejarlo pero seguías buscando tu camino, a base de injusticias en oposiciones que te negaban lo que por constancia e inteligencia te pertenecía. No se valoraba el esfuerzo ni el resultado. Sólo el tiempo. Y para tí el tiempo se divide en esfuerzos. El esfuerzo de escribir una palabra, de hablar una frase, de andar un kilómetro...
Puedo escribir miles de anécdotas juntos, de barreras que has saltado, de injusticias que has sufrido, pero quizás sea mejor ir goteando este blog de vez en cuando con pequeños ríos de tí. El crecer contigo creo que me inculcó la filosofía de nunca rendirme, de no desfallecer, de seguir adelante de mirar a la vida de frente y enseñarle los dientes. Si no, nunca hubiera estado a tu altura como amigo.
Muchos creen que alguien es grande porque se sienten pequeños junto a él. Pero lo cierto es que la grandeza, la verdadera grandeza, consiste en hacer que los demás se sientan grandes a tu lado.
Tú eres grande Raúl.Muy grande.

17 comentarios:

quierodormir dijo...

Realmente me has emocionado con tu entrada, según iba leyendo mis ojos se iban humedeciendo.
Es muy posible que te sientas afortunado de tener un amigo como Raúl, pero también creo que el considerarte amigo de él te hace ser una gran persona, y me alegro de haberte conocido, aunque sea sólo de este modo, vía blog.
Raúl tiene mucha suerte de tenerte como amigo.
Un abrazo.

Nadia dijo...

Tus palabras emocionan vecino. Toda una lección de vida. GRANDE! Será un placer leer más sobre Raúl.

Oscuro dijo...

Tu entrada me ha emocionado profundamente, la superación personal es algo que realmente me llega, pero no por el hecho de ser discapacitado, aspirar a ser mejores, no conformarse... es algo que todos deberíamos intentar.

Un abrazo

S. dijo...

ainss que bonito Yandros!cuando te pones a escribir cosas tan especiales como esta,que te sale desde dentro,cuando sacas todas tus emociones a flote,lo haces estupendamente.
Un beso guapito(no te acostumbres)

Menda dijo...

Menuda lección nos has dado......
Qué afortunado es Raúl de contarte como amigo....

CMQ dijo...

es la primera vez que te leo y se me arrasan los ojos (creo). Precioso post, preciosa tu historia con Raúl. Un beso.

Anarquista dijo...

Yandros... falto unos dias y vuelvo y me haces llorar de la emocion, nos has dado una gran leccion de vida a Muchos!!!

Besos desde Lejos!

Yandros dijo...

quierodormir: gracias, pero el que tiene suerte de conocerlo soy yo
Nadia: Grande.Con mayúsculas. Tu lo has dicho
Oscuro: Como siempre, de acuerdo contigo. La superación personal es algo más reconfortante que la competitividad entre personas
S: Y a mi que me queda siempre la sensación de que me faltan miles de palabras por sacar...
CMQ: Pues te invito a leer más jejeje. Intentaré que te inundes en lágrimas jajaja
Menda: La lección la da él, yo solo la cuento. Es algo simbiótico ¿no?
Anarquista: Sé que entiendes este escrito sobre la grandeza de seguir luchando. Ánimo
Un abrazo a todos

cristal00k dijo...

Hablando de corazones, trasvases y emociones... A cuadros estoy!

¡anda! ¡anda! siejjjqueeee...

Un beso muy grande para tí y otro para Raul.

Rebeca dijo...

Tu amigo es grandioso Yandros, de esas personas que nos dan lecciones a los demás cada tres por cuatro. Ni se rinde, ni deja que nadie le diga que no puede.
Será estùpendo leer nuevos ríos de él en el mar del caos.

Sara dijo...

Tienes mucha suerte. La mayoría de la gente no ha conocido ni conocerá nunca un sentimiento como el q describes. Enhorabuena, a ambos.

Yandros dijo...

cristal00k: tenías razón. Hay algo flotando en el aire. Inteligencia, emociones, simbiosis...
Rebeca:mar del caos. Me gusta jejeje
Sara: Yo pienso que la grandeza, como otras muchas virtudes, se confunde en las sombras, como ocurría en la caverna de Platón.
Un abrazo!

Angie dijo...

Tú lo has dicho! Tu amigo es GRANDE! Muchas veces admiramos a, qué sé yo, cantantes, actores, etc.. y hay que habría que admirar tremendemante es a esas personas como tu amigo Raul que nunca se cansan de luchar, que no tiran la toalla e intentan superarse día a día, que creen que todo vale la pena a pesar de las miles de dificultades que te ponga la vida en el camino. Yo no conozco a tu amigo pero lo admiro. Mira si es grande que lo admiro sin conocerlo siquiera!;-)

Que vuestra amistad dure muchísimos años!!

Un beso. Angie.

Angie dijo...

(esto de modificar las frases tiene lo que tiene, que luego se te quedan sin borrar palabras sin sentido, jaja.. pero bueno, se ha entendido bien el comentario, no? :P)

Capitán Clostridium dijo...

Que grandes, tú y Raul. Raul, por tanta lucha desde que nació, tantas escaleras y barreras que ha ido superando. Y, sobretodo como bien dices, por el sentirte al lado de una persona que no llora por sus limitaciones, sino que las asume e intenta superarlas.
Tú, grande, por haber mantenido esa asmitad. Muchos niños cuando crecen son muy crueles y dejan de lado a amigos como Raul. Lamentable, sí, pero real. Niños como Raul tienen que crecer con sus limitaciones y las que le aporta la soledad.
Qué verdad más grande aquella que dices, que, cuando has crecido o vivido con alguien, sus defectos físicos desaparecen. Ves más allá, ves en su interior, como si estuvieras divisando parte de su alma. Me recuerda mucho a la película "El hombre sin rostro", de Mel Gibson.

Carlos dijo...

Casi siempre me fijo en las personas que lo dan todo por los demás, pero es la segunda vez que me dicen, directa o indirectamente, cuánto entregan a los demás también personas como tu amigo.

Yandros dijo...

Angie: "Mira si es grande que lo admiro sin conocerlo siquiera". Buena frase Angie
Capitán: Hay mucha gente que se pierde grandes cosas por no bucear más profundo en el mar verdad capitán?
Carlos: Bienvenido. Sí, solo que no nos damos cuenta

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