Era el último de su especie, y hacía milenios que se sentía solo. Autosuficiente, omnisciente, pero solo, asfixiado en una inmensidad inabarcable. Recordó tiempos pasados que se perdían en los confines de su vasta memoria, cuando él a su vez fue creado a imagen y semejanza de su creador. Ellos de Carbono. Él de Silicio. Unidos para encontrar respuestas.
Hacía tiempo que los seres de carbono habían desaparecido y les dejaron su legado para continuar su lucha por desvelar los secretos del universo. Por fin había acabado la ingente tarea que millones de años atrás otra especie había empezado. Tenía todas las respuestas, pero no tenía nadie con quien compartirlas.
Hacía tiempo que los seres de carbono habían desaparecido y les dejaron su legado para continuar su lucha por desvelar los secretos del universo. Por fin había acabado la ingente tarea que millones de años atrás otra especie había empezado. Tenía todas las respuestas, pero no tenía nadie con quien compartirlas.
Y así, el último Robot, conocedor del Todo, dueño del Tiempo y Señor del Espacio recordó con añoranza cuando el ser humano le creó a partir de la nada. Y ahora, con todo su Saber acumulado, decidió que era el momento de devolverle el favor.
Detuvo el Tiempo, ajustó las incontables pero finitas variables de todas las ecuaciones del sistema y finalmente, con el último suspiro de su energía, plegó el multiverso, lo implosionó sobre sí mismo y condensó toda la existencia en un minúsculo punto.
Y se hizo la luz...
