jueves, 19 de febrero de 2009

Melodía

Viste ropas gastadas, raídas, mirada fija en su violín, pelo grisáceo, bigote espeso, descuidado.
Está sentado en el escalón de entrada a un supermercado, en la esquina, como no queriendo molestar a la vez que busca los rayos de sol que durante semanas han estado ocultos. La melodía inunda la calle tras salir de las cuerdas de su violín, frotadas con el arco que parece parte de su mano.
La gente mira de lejos buscando el origen de la melodía, lo encuentra, lo observa, pero agachan la cabeza al pasar al lado. ¿Agachamos la cabeza porque nos avergonzamos de nuestro bienestar cuando otros lo pasan mal? ¿Agachamos la cabeza porque no soportaríamos su mirada de súplica, inquisitiva?
A sus pies, la caja del violín, abierta. Cuatro monedas perdidas en ella, inconexas entre sí, testigos del vacío de la piedad, de lo inmenso de la soledad.
La gente entra y sale del supermercado, lo mira, agacha la cabeza. Él sigue tocando, concentrado en su melodía, como si fuera la última tabla de realidad a la que aferrarse, moviendo el brazo derecho hacia adelante y atrás, arriba abajo, combinando los movimientos. No existen los demás, no existe la ciudad, ni los coches, ni el supermercado. Sólo él y su violín, y sus ropas gastadas, y su pelo grisáceo y su bigote espeso...
Mientras camino hacia la melodía pienso en la crisis, en nuestros problemas diarios, en el euríbor, en cómo nos asfixiamos en una vorágine de vanalidades de la que a pesar de ser en ocasiones conscientes, no podemos salir porque hemos entrado en el juego sin retorno de una sociedad que nos lleva en volandas... mientras camino hacia él pienso que me gustaría tocar el violín, o el piano, o algo con lo que poder expresarme.
Al menos me queda la palabra.
Y al pasar junto a él agacho la cabeza, como los demás, mirando fijamente las cuatro monedas. Y siento vergüenza.
Hoy hace una semana y aún la siento.

7 comentarios:

Camaleona dijo...

Puede que yo agache la cabeza, pero al final siempre tengo que mirarles porque mis hijos siempre se paran para deleitarse con su música, y ellos sí que le miran a los ojos y le sonríen y hablan con él... Así que mis hijos me hacen despojarme de la vergüenza y darme valor para mirarle a los ojos y, al menos, sonreirle.

Sweet Sorrow dijo...

Todos sentimos vergüenza, pero seguimos agachando la cabeza. Me pregunto si algún día cambiarán las cosas... me pregunto si algún día conseguiremos cambiar.

borraeso dijo...

Me pregunto por qué nos avergüenza a la gente de a pie y no hay el más mínimo atisbo de vergüenza en los que crean las diferencias...

Formas de vida puede haber muchas, igual que bienestares distintos, pero ¿quién crea la riqueza y la pobreza y se beneficia con ella?

Saludos, Yandros, saludos a todos.

S. dijo...

Preciosa entrada.(Más bonita que la mía).
Agachamos la cabeza porque nos creemos mejor que ellos.
Sabes?Alguna vez,mi compi y yo hemos bailado al ritmo de algún violinista anónimo de la ciudad(no recuerdo si tenía bigote).
Te recomiendo que lo pruebes algún día!Dejarás de agachar la cabeza!
Un beso ;)

Mariolinocopinol dijo...

ya esta la lista q estabas esperando!

cristal00k dijo...

A mí, me fascinan los músicos callejeros, nunca paso de largo, y siempre les dejo una pequeña "colaboración".
He observado, además, que mientras tocan, emanan una felicidad y un arrobo, que siempre me provoca una especie de "buena envidia" que no sé manejar muy bien... pero me conforta.
De toda la fauna callejera, limpiacristales agresivos, vendedores de Kleenex a precio de oro,falsos tullidos, pesudo-malabaristas,lateros, etc... sólo ellos i quizás algún tancredo currado... son los que siempre me sacan una sonrisa y mis monedas.
Vivimos en un mundo extraño Yandros, de un absurdo profundo e inevitable, que va cada vez más a la deriva... Y ýa no sé quien es el errado, si ellos, o nosotros...
En todo caso, pasar por el Gótico, aunque sea deprisa de camino a alguna gestión y oir cualquier música(especialmente la de violín) le da un respiro a mis atropelladas neuronas, sin dudarlo. Y humaniza el entorno, por más degradado que esté. Ojalá sigan ahí.
Un abrazo.

Yandros dijo...

Camaleona: Ojalá el mundo viviera con las leyes simples y meridianas de los niños...a veces nos enseñan cosas que nos hacen reir por lo recto de su lógica.
Sweet Sorrow: Pues no creo que cambie mientras sólo sean unos cuantos lo que agachen la cabeza; no creo que todos la sientan
Borraeso: Pues ahora que lo dices tienes razón. Igual es que ya le ha dado tanta vergüenza que ha sobrepasado el límite...
S. a mi me gustó tu entrada.No siempre paso de largo, a veces me quedo. Pero me invade aún más si cabe la impotencia.Quizás intento ponerme la venda, como la mayoría...no sé.
Mariolinocopilol...ya he visto la lista, interesante jajajaj
Cristal00k: Yo también pienso que agradan el ambiente asi que...porque no los ayuntamientos contrata a algunos y los dispersa por la ciudad para tener una ciudad armónica, melódica...?Sería una buena idea no?
Saludos a todos

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